‘Pescador’: la historia de la crónica que se convirtió en película

¿Cómo se convierte una crónica en una película? ¿Cómo una historia publicada en la revista SoHo de Ecuador llega a ser lo que es ahora: un largometraje que recorre hispanoamericana, ganando a críticos y espectadores?

Lo que hay detrás de la producción de ‘Pescador’ es la historia de la sincronía temporal (y no exenta de arritmia) de dos talentos ecuatorianos: el cineasta Sebastián Cordero (1972) y el escritor, cronista y músico Juan Fernando Andrade (1981).

Las evidencias indican que un día Cordero y Andrade se conocen y de repente se comienzan a cruzar mails. Se recomiendan películas, hallazgos, historias. Se cuaja una amistad. De momento, cada cual en lo suyo: uno en el cine, el otro en la cacería de historias y el teclado. Tiempo después alguien le cuenta a Andrade que en una playa, El Matal, los pescadores encontraron cientos de paquetes de coca y que, como tenía que ser, semejante aparición había trastornado el lugar durante una memorable temporada. Andrade, curioso y cronista, viaja al mar y consigue hablar con alguien que le cuenta cómo pasó todo. Publica una crónica con cuerpo de entrevista en la versión ecuatoriana de SoHo, y le pasa un borrador a Cordero. Cordero exclama: “Ahí hay una película”. Y lo que sigue es trabajo duro, y a dúo. En palabras de Andrade: “A un ritmo irracional, criminal, suicida… Una placentera pesadilla que casi acaba conmigo”.

‘Pescador’ -el punto final de esa metamorfosis- ganó los premios a Mejor Director y Mejor Actor en el festival de Cine de Guadalajara, y fue preseleccionada para Mejor Película en los Premios Goya. Se estrenó el año pasado en Ecuador, se acaba de estrenar en Colombia -donde la crítica le ha sabido sonreír- y su viaje por el continente sigue en marcha.

Al mismo tiempo, la noticia de que todo comenzó con una crónica no ha pasado inadvertida, y le ha significado al cronista contestar una buena dosis de entrevistas y escribir varias piezas sobre el tema. En una de ellas, asegura que en medio de todo lo que se ha dicho sobre ‘Pescador’, le incomodaba “que la gente asumiera cosas tan importantes con tanta facilidad”, entre ellas “que la crónica en que se basó la película era buena porque, después de todo, la harían película.”

Presentamos entonces evidencia suficiente para que el lector decida, y de paso conozca otros detalles de esta transformación, en la que la crónica que detonó todo tal vez sólo haya sido, como dice su autor, “el punto de partida de una película honrada y divertida”:

‘CONFESIONES DE UN PECADOR DE COCA’: LA CRÓNICA ORIGINAL

‘CÓMO SE HIZO PESCADOR (LA CRÓNICA, NO LA PELÍCULA)’

CÓMO FUE TRABAJAR EN EL GUIÓN: ‘MI PRIMERA VEZ (CONFESIONES DE UN GUIONISTA DEBUTANTE)’

 

TRAILER OFICIAL DE ‘PESCADOR’:

Contacto: pescadorlapelicula.com, facebook.com/PESCADORlapelicula

Cordero y Andrade

SEBASTIÁN CORDERO es un director de larga trayectoria, con cuatro películas a cuestas. Su ópera prima, ‘Ratas, rateros y ratones’ (1999), ganó once premio internacionales, entre ellos el de Mejor Película en los festivales de Trieste y Bruselas. Su segundo largo, ’Crónicas’ (2004) fue nominado al Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance; y ‘Rabia’ (2009) ganó el Premio Especial del Jurado en el festival de Tokio y otros premios importantes en festivales como los de Málaga y Guadalajara.

Juan Fernando Andrade

Juan Fernando Andrade. Foto: Guacamole Project / FNPIAndrade (Portoviejo, Ecuador, 1981) se explota a sí mismo en varios filones: ficción, música, periodismo, y ahora guión.  En 2009 publicó la novela ‘Hablas demasiado’ (Alfaguara), precedida por dos libros de cuentos (‘Uno’ y ‘Dibujos animados’). Es el baterista de la banda ‘Los pescados’, con la que ha grabado tres discos. Y como cronista ha escrito para SoHo Ecuador y Mundo Diners, es coautor del libro ‘Quito bizarro’ (Aguilar, 2012), y su trabajo ha sido reconocido varias veces en su país en el Premio Nacional de periodismo Jorge Mantilla Ortega. En 2012, además, participó en el ‘Encuentro Nuevos Cronistas de Indias 2’, organizado por la FNPI y Conaculta, donde su mirada ecléctica sobre el género fue muy bien recibida.

Decálogo

Por Juan Fernando Andrade

(Escrito por invitación de la FNPI, tras su participación en el ‘Encuentro Nuevos Cronistas de Indias 2’)

1)      Escribe lo que quieres leer.

Escribe lo que crees que debes leer.

Escribe lo que nadie más está escribiendo.

Escribe para entender lo que no entiendes.

2)      Cuando escribes ficción puedes darte el lujo de ser hermético y privado, incluso tener el mal gusto de enorgullecerte si nadie te entiende. Cuando escribes crónica, en cambio, debes pensar en la fanaticada aunque tal cosa no exista, y plantear el relato de tal manera que cualquiera sea capaz de entenderlo. Esto no quiere decir que haya que escribir para tontos: los lectores no son idiotas.

3)      Si no sabes nada del personaje al que vas a entrevistar, investiga hasta que seas capaz de escribir sobre él sin haberlo conocido personalmente. En la entrevista, según mi experiencia, el silencio funciona mejor que el hostigamiento, por lo menos en un principio. Luego, si te ves en la obligación de ponerlo contra las cuerdas, ten en cuenta que muy probablemente estás disparando tus últimos cartuchos, y ya si estás en esas dale con todo lo que tienes.

4)      Como en el cine, en la crónica también las acciones pueden decir mucho, muchísimo más que las palabras. El vestuario, los muebles de la casa, los accesorios, los discos y los hábitos alimenticios de un personaje pueden revelar con claridad su moral, su forma de ver el mundo. Un tipo que desayuna ginebra y colillas de cigarrillos manchadas de lápiz labial a medio día jamás será igual a uno que, digamos, hace media hora de yoga antes de servirse un tazón de yogurt y granola acompañado por el amanecer. Prende la cámara antes de prender la grabadora.

5)      De ser posible –y pelea porque así sea, gánate tus derechos– tómate un tiempo entre la entrevista, la transcripción y la redacción. Deja que la película se proyecte en tu cabeza y si no puedes ver la cinta entera por lo menos espera a que te pasen el tráiler, y luego arrancas. Ya la realidad y el trabajo se encargarán de corregir tus planes, pero es ideal o cuando menos recomendable empezar a escribir con cierta dirección. Como dijo Woody Allen, “escribir es pensar, lo demás es poner por escrito”.

6)      Si todo funciona de maravilla y puedes hacer un mapa de la crónica antes de ponerte a teclear, la redacción será igual de ardua pero no lo parecerá tanto. Si no sabes qué escribir, aplica la técnica del jam session, escribe lo primero que se te venga a la cabeza, lo que sientas que no puede faltar; no importa que no haya lazos narrativos o cronológicos entre un párrafo y otro, sólo escribe y mira la pantalla como un espejo de tus intenciones. Si nada de lo anterior funciona, cuando no sepas qué escribir, pues escribe la verdad. Y atente a la mayor cantidad de borradores posibles.

7)      Todas las crónicas tienen antepasados. No me refiero solamente a otros textos sino a películas, canciones, pinturas, fotos o cómics. Leer ficción es clave para los escritores de no-ficción (y viceversa, claro). Lo dijo el gran Alan Moore, quizás el mejor escritor de novelas gráficas de nuestros días, “yo trabajo con ficción, no trabajo con mentiras”. Si piensas que tu crónica se parece a una canción, escucha esa canción mil veces y luego has el cover, ponle tu voz y tu mirada.

8)      Te van a decir que hay temas pequeños, intrascendentes, temas que no merecen ser tema. Perdona el tono de autoayuda pero sólo tú sabes lo que te consume por dentro y lo que no. El tema es importante en la medida en que sea importante para el cronista. El tema es personal e intransferible. Si quieres escribir sobre el grillo que tenías de mascota en tu infancia, adelante, pero ten la delicadeza de atraparme para que yo también me enamore del bendito bicho ese.

9)     Muéstrale el trabajo a los demás, al editor, obvio, pero también a alguien en cuyo criterio de lector confíes plenamente y también a alguien que no tenga el menor interés en el tema: si éste último no se duerme tras el primer párrafo tal vez tengas entre las manos algo que vale la pena. Aunque a veces parecería que los cronistas sólo se leen entre ellos, lo bueno sería invitar más gente a la fiesta.

10)    Si llegaste hasta aquí debes saber algo: lo más probable es que nada de lo anterior te sirva para un carajo, que tengas que arreglártelas solo porque cada crónica –gracias al cielo– es distinta y en ninguna podrás aplicar los trucos de los demás. Don’t panic. Comete tus propios errores. Una puteada bien puesta y bien recibida es saludable y pensar en cambiar de profesión de vez en cuando es totalmente comprensible. Dicho esto, recuerda que vivir es más importante que escribir y que lo segundo es imposible sin lo primero. No lo tomes tan en serio. No te tomes tan en serio.

Bonus track, absolutamente inútil:  Si crees que la crónica está lista, léela entera en voz alta. Mientras lo haces, marca el ritmo golpeando con el dedo índice (o el de tu preferencia, pero el índice suele funcionar de maravilla) el borde del escritorio, como si fueses un metrónomo. Si, como dicen los músicos, “no te vas de tiempo”, es porque la puntuación es la correcta y eso, cuando menos, te asegura que la gente te leerá rápido y te odiará menos.

(Ir a la página original de este ‘Decálogo’)

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