Video: Jon Lee Anderson le toma el pulso a cuatro jóvenes cronistas

Una de las secciones más importantes del ‘Encuentro Nuevos Cronistas de Indias 2’, realizado en México en 2012, fueron los llamados “Confeccionarios”: charlas entre maestros consagrados (Jon Lee Anderson, Juan Villoro y Alberto Salcedo Ramos) y cronistas menores de 32 años, en las que durante cerca de una hora hablaron de la “sangre, sudor y lágrimas” del oficio: sus técnicas de trabajo, convicciones, tropiezos y satisfacciones.

El primero de los ‘Confeccionarios de nuevos cronistas’ -cuya grabación completa ofrecemos aquí- reunió al maestro norteamericano Jon Lee Anderson con cuatro periodistas jóvenes que ya tienen carreras destacadas: Óscar Martínez, de El Salvador; Carol Pires, de Brasil; Ana Teresa Toro, de Puerto Rico, y Carlos Salinas, de Nicaragua. El mexicano Diego Osorno estaba convocado al encuentro, pero finalmente no pudo asistir: una noticia bomba lo obligó a viajar de imprevisto al norte de su país, como enviado de la revista Proceso.

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Confeccionario de nuevos cronistas: sangre, sudor y lágrimas. Primera parte from FNPI on Vimeo.

VER TAMBIÉN ‘El compromiso de los jóvenes cronistas’

En esta entrevista corta, Jon Lee Anderson habla del trabajo de los cuatro cronistas con los que charló en su ‘Confeccionario’:

El compromiso de los jóvenes cronistas from FNPI on Vimeo.

DOS DECÁLOGOS DE NUEVOS CRONISTAS:

Después de su paso por el confeccionario, les pedimos a los cronistas que condensaran en un decálogo su relación personal con este género. Aquí, dos de los resultados:

‘DECÁLOGO DEL CRONISTA ISLEÑO O DE CÓMO SE NARRA LA VEREDA TROPICAL’, por Ana Teresa Toro.

Ana Teresa Toro. Foto: Guacamole Project / FNPI

“Ni tanta música que el texto sea una rumba, ni tan poca que sea misa. Que el arte no acapare el relato, que el relato no impida el arte. Crear para entender. Ni más ni menos.” (IR AL DECÁLOGO)

 

 

‘EL ESTILO. LA VOZ. EL RITMO. LA PASIÓN’, POR CARLOS SALINAS MALDONADO

Carlos Salinas. Foto: Guacamole Project / FNPI“Si no siento, no escribo. Colarse en la vida de otros para contar sus historias es también sufrir lo que sufren ellos, reír con ellos e indignarse con ellos. Yo no creo en la objetividad del periodismo. Creo en la honestidad de un reportero y en la posibilidad de transmitir ese “sentir” a quienes leen mis trabajos. (Ir al decálogo)