‘Hugo Chávez, nuestro enfermo en La Habana’: crónica de la enfermedad de Chávez y sus efectos en Venezuela

La editorial eCícero acaba de publicar el e-book gratuito ‘Hugo Chávez: nuestro enfermo en La Habana’, del cronista venezolano Albinson Linares.

El libro, de 93 páginas, hace un recuento de la enfermedad del recién fallecido presidente y sus efectos en la vida pública del país.

Presentamos la introducción, y los enlaces a la página donde se puede descargar sin costo, en formatos epub y pdf.

Además, ofrecemos ‘Escribir crónicas desde la resaca caribeña’, el decálogo “vacilador y tropical” de Albinson Linares, donde habla de su trabajo de cronista y su relación con el género.

LA MIRADA DE CHÁVEZ

(Prefacio)

Sus ojos están en todas partes. Inquisitivos, vigilantes, trasunto del Gran Hermano revolucionario que todo lo sabe. Aparecen estampados con rudeza en millones de franelas, en trazos burdos de graffitti y vallas majestuosas. Chávez hace rato que no es un hombre, él mismo dijo en su última campaña que es el pueblo. Y así lo repiten, lo salmodian los altos personeros del gobierno y medios públicos que impulsan las campañas de hashtags como #YoSoyChávez y #ChávezBienvenidoalaPatria.

Hugo Chávez ha vuelto a la patria. En la madrugada del 18 de febrero de 2013 resonaron por todo el país insomne sus tweets: “Hemos llegado de nuevo a la Patria venezolana. Gracias Dios mío!! Gracias Pueblo amado!! Aquí continuaremos el tratamiento” y “Sigo aferrado a Cristo y confiado en mis médicos y enfermeras. Hasta la victoria siempre!! Viviremos y venceremos!!!”. Sin embargo nadie lo ha visto en público. Evo Morales viajó para verle y no pudo ser recibido.

Familiares y colaboradores cercanos como el vicepresidente Nicolás Maduro se comunican con él, pese a que una cánula traqueal le impide hablar. Chávez gobierna más allá de las palabras. Con miradas, gestos, visajes y escribe lo que desea. En Venezuela el poder pasó de gritar por decenas de horas en plazas públicas a murmurar, musitar al oído amigo las estrategias políticas y económicas. O por lo menos eso es lo que declaran los funcionarios revolucionarios.

Días antes de su vuelta, el 15, unas fotografías junto a sus hijas en las que aparece sonriente y leyendo el Granma cubano encendieron el debate de expertos. El mundo se dividió entre los que veían un claro montaje y aquellos que gritaron de júbilo por su recuperación.

Una enfermera del Hospital Militar de Caracas, donde continúa sus tratamientos contra el cáncer, juró ante las cámaras del país que lo vio llegar caminando como antes.

“En general los gobernantes enfermos se separan del cargo y vuelven a ejercer una vez recuperados, sólo en monarquías abundan los casos donde los reyes antiguos seguían al mando hasta que abdicaban por enfermedad o simplemente morían.”

Ese 18 de febrero las calles alrededor del hospital se llenaron de simpatizantes que lloraban hasta el paroxismo a la espera de ver al presidente después de 71 días. “Mijo, yo sólo quiero verlo. Ya sabemos que está enfermo, sabemos que en Cuba lo estaban curando pero queremos verlo. No más fotos ni eso, sólo verlo”, decía una anciana frente al centro de salud.

Tres días después el ministro de Comunicaciones, Ernesto Villegas, anunció con gran pesar: “La insuficiencia respiratoria surgida en el curso del posoperatorio, persiste y su tendencia no ha sido favorable por lo cual continúa siendo tratada. En cambio, el tratamiento médico para la enfermedad de base, continúa sin presentar efectos adversos significativos hasta el momento”.

Nuestro enfermo en La Habana - PortadaEl 25 de febrero Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, explicó que cuando Chávez lo considere conveniente se producirá la juramentación del cargo, situación que ubica a Venezuela en el extraño lugar donde un mandatario sigue gobernando desde su lecho de enfermo.

Buscar paralelismos a esta enfermedad presidencial y el ejercicio del poder en el país resulta arduo en los anales democráticos. En general los gobernantes enfermos se separan del cargo y vuelven a ejercer una vez recuperados, sólo en monarquías abundan los casos donde los reyes antiguos seguían al mando hasta que abdicaban por enfermedad o simplemente morían.

“No conozco precedente a esta situación, salvo en los tiempos del hombre que ordenó la edificación de la casi infinita muralla china, el emperador Shih Huang Ti —o Qin Shihuangdi— quien también dispuso que se quemaran todos los libros anteriores a él y se hizo enterrar con miles de soldados de terracota. Este símil por hiperbólico que suene expresa el carácter cerrado que ha adquirido en muchos aspectos el gobierno de Hugo Chavez —o de la troika que en realidad lo ejerce— y, de alguna manera, la personalidad epicéntrica de su líder”, analiza el escritor Boris Muñoz.

Otros como el colombiano William Ospina, ven a Chávez a las puertas de los altares callejeros, cerca de la inmortalidad y el mito convertido en un referente insurgente para el mundo. No dejan de tener razón ambos analistas. La revolución bolivariana necesitaba un mártir para seguir el patrón de sus antecesoras, así como México tuvo a Villa y Zapata; Cuba al Che Guevara; Chile al presidente Allende y Argentina a la pareja Perón, Venezuela contará con el sufrimiento de Chávez como la cuota dolorosa que exige la cara mitología de la revolución suramericana.

Sumergido en un drama shakesperiano que recuerda al Rey Lear rodeado de afectos y traiciones, ejerciendo el poder más allá de sus fuerzas, Hugo Chávez mantiene en vilo a Venezuela. Cuba es otra nación cuyo sino está ligado a la salud presidencial por la vital cooperación venezolana con el régimen castrista, el destino del mandatario venezolano afectará el futuro de la isla.

Pase lo que pase los ojos de Chávez seguirán vigilando a Venezuela, en este mundo o en el otro, ya sea a través de una recuperación milagrosa que lo devuelva de entre los moribundos o con el legado de su brillante actuación política.

Así las cosas, cobran un sentido especial los versos satíricos de Décimo Junio Juvenal que parecen burlarse de nosotros cuando preguntan desde los laberintos de la antigüedad: “¿Quién vigilará a los vigilantes?”.

Caracas, marzo de 2013.

DESCARGAR EL LIBRO COMPLETO EN EDITORIAL eCícero, de manera gratuita 

(Al ingresar a la página, seleccione el formato que prefiera, y a vuelta de correo recibirá el archivo).

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‘ESCRIBIR CRÓNICAS DESDE LA RESACA CARIBEÑA’

DECÁLOGO VACILADOR Y TROPICAL

POR ALBINSON LINARES

1

Albinson Linares. Foto: Guacamole Project /FNPIHace poco hablaba con un amigo que dice haberse retirado del periodismo, un tipo que escribe excelentes crónicas. Nos tomamos un trago y al segundo ya me estaba llenando de ideas, temas y personajes para publicar, cuando lo interrumpí y le recordé que él insistía en que ya “no era periodista”. Sonrió con tristeza y me espetó: “esto nunca se acaba”. Entonces me percaté de que cuando ya no estás metido en una redacción es cuando más hablas y piensas como un cronista. No hay una vía de escape para pensar de otro modo.

2

El periodismo es mi método de sistematización del mundo y la realidad. Todo me lo imagino así, hasta algunas cosas innombrables. De todo el discurso mediático, la escritura de crónicas es lo que me permite abarcar de manera más eficiente la realidad que me rodea. Cuando tengo que explicar una situación o conocer a un personaje sólo logro mostrar nuevas perspectivas, aristas distintas y ser justo a través de las herramientas de este género variopinto. Lo demás sólo es silencio y vacío, pretensiones vanas que se quedan en la superficie del discurso informativo. Si quieres rascar, penetrar y conocer, debes hacer una crónica. 

3

Escribir crónicas en Venezuela sólo es posible desde la resaca. Vivo en una sociedad que ha estado en los primeros lugares del ranking de los ciudadanos más felices del mundo durante varios años consecutivos y, a la vez, es uno de los países más polarizados del continente. Hay que hacer un ejercicio psíquico constante para apartarse de esa realidad desbordada de la riqueza petrolera que nos brota del suelo y la improvisación demencial e idiosincrática para refugiarse en una lucidez casi dolorosa. Quizá eso explica que me guste tanto la salsa, que la coleccione y haga perfiles de salseros pero, a la hora de bailar, lo haga terriblemente.

4

Algo que me obsesiona y que he hablado mucho con Carlos Serrano y Julián Gorodischer es la mixtura, inclusión y experimentación de la crónica clásica con los nuevos lenguajes multimediáticos. La influencia y el uso de recursos como la fotografía, la infografía, los cómics, hasta el documental o las fotogalerías. La semana pasada Edgardo Rodríguez Juliá nos recordaba algo que en Venezuela es patente: la crónica es un género consumido, la gran mayoría de las veces, por élites. En mi experiencia, cuando he experimentado con el uso de nuevos recursos, temas y personajes los textos terminan siendo leídos por miles de personas, se detecta un crecimiento exponencial, por eso creo que debe ser un debate necesario, un área de estudios en la FNPI y en las cátedras de comunicación de las universidades.

5

Uno de los grandes problemas de la crónica contemporánea venezolana radica en la ausencia de riesgo de los propios periodistas. Les cuesta viajar, salir de Caracas y explorar la riqueza temática del interior del país. A ver, si yo les preguntara cuál es el deporte nacional de Venezuela, supongo que responderían que el béisbol. Pues no. Aunque yo jamás lo haya jugado, el deporte nacional y autóctono es el ‘coleo’. Una suerte de rodeo bárbaro donde un jinete persigue a una vaca por una extensión encajonada a la que le dicen “manga de coleo”, la agarra de la cola y la tumba, o “la colea” como decimos en los llanos venezolanos. Esa es una de las grandes historias que no son contadas en nuestros diarios.

6

He tenido la fortuna de poder publicar muchos trabajos donde exploro diversas técnicas del periodismo narrativo. Hace un par de años pasé varias semanas visitando el octavo rascacielos más alto de América Latina, que es el Centro Confinanzas, estructura que nunca fue del todo terminada. Llamado hoy día “La torre de David” es un barrio vertical, un cerro de concreto invadido por centenares de familias que trasladaron las dinámicas socioculturales de sus barriadas pobres a una estructura de acero y hormigón. Esta insólita experiencia sociológica fue estudiada por un grupo de arquitectos venezolanos y fueron distinguidos en la Bienal de Venecia. Debemos volver a esas historias que cuentan mejor los procesos sociohistóricos del país que muchos sesudos ensayos.

7

Más que escribir sobre el Presidente, me obsesiona el chavismo y las pulsiones e historias de esa masa de la población que lo apoya a ultranza. Los métodos del populismo, cómo opera la ideología en la cotidianidad, resultan más interesantes y son objetos susceptibles de la crónica. También me interesan, por ejemplo, las conexiones oscuras del Miss Venezuela y los mafiosos, los asesinatos de más de 70 sindicalistas en Guayana (la región de minería básica más importante del país). Ésas son las cosas que quiero investigar aquí. Teniendo un nuevo sexenio para gobernar, Hugo Chávez convertirá a Venezuela en un vasto experimento político donde se implantarán nuevas formas de organización social, como las comunas donde la propiedad será colectiva en muchos casos. Ese proceso que el Estado pretende que englobe al 65% de la población en 2019, más allá de sus fallas y fracasos, deberá ser registrado por medio de la crónica.

8

La maestría y dominio en el lenguaje es una primera condición de exigencia al escribir o leer una crónica. Sin embargo, esto debe ir cuidadosamente mezclado con una entrega absoluta por la investigación basada en el trabajo de campo y la documentación. Los mejores cronistas son los que nos cuentan las grandes historias de nuestro tiempo desde perspectivas nuevas con personajes marginales o protagonistas rutilantes. La saga del hombre común es el mayor reto de nuestro tiempo.

9

Pido que las entradas de los textos me corten la respiración, pido detalles que nunca había leído y deleitarme con los símbolos que usa el autor. Si el cronista no usa su historia para mostrarme una perspectiva única o por lo menos original de lo que está pasando, ha fracasado en su empresa.

10

Y por último pero no menos importante creo que la crónica sirve fundamentalmente para contar la realidad inabarcable que nos rodea. Darle sentido, sólo sentido narrativo y cronológico, a nuestra historia cotidiana que se entrelaza con esa entelequia que llaman la “historia oficial”. Como sabemos, la realidad es caótica y no responde a patrones, es simultánea y caprichosa; la crónica puede darle ritmo y cadencia, sistematizarla e intentar comprender lo que nos rodea. Incluso en su fracaso, la crónica gana por el intento.

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