“Hijas de general: La historia que cruza a Bachelet y Matthei”

  • Las dos candidatas presidenciales en Chile eran compañeras de juegos en la infancia e hijas de dos militares que eran amigos, pero que tomaron posiciones distintas ante el golpe de Estado de 1973.
  • El libro coescrito por Rocío Montes y Nancy Castillo está disponible a la venta como Kindle Ebook en Amazon.
  •  Compartimos el prólogo y la solapa del libro, escritos por Miguel Ángel Bastenier y Jon Lee Anderson.
Rocío Montes y Nancy Castillo - Foto: Pablo Sanhueza

Rocío Montes y Nancy Castillo – Foto: Pablo Sanhueza

Adquiere el libro: “Hijas de general: La historia que cruza a Bachelet y Matthei”

Vidas, todo menos paralelas

Por Miguel Ángel Bastenier*

Hijas de General - Nancy Castillo y Rocío Montes

Hijas de General – Nancy Castillo y Rocío Montes

Si Plutarco fuera chileno se habría llevado un gran disgusto. A primera vista, que siempre es mejor que vaya acompañada de una segunda, Evelyn Matthei y Michelle Bachelet, respectivamente, derecha e izquierda clásicas a más no poder, serían el modelo perfecto para el gran biógrafo griego, hijas las dos de generales de parecida generación, militares que se conocían e incluso se apreciaban, las candidatas que se conocieron de niñas, una apenas un par de años mayor que la otra, aunque decir que eran amigas sería mucho decir, y que ahora confluyen una pila de años más tarde en disputarse la Presidencia del país. Un aparente paralelismo generacional, cronológico cuando menos, es innegable que existe, pero por mucho nacimiento y confluencia que hayan podido producirse, no hay dos destinos más alejados entre sí que el de las dos aspirantes.

Una, la socialista, tiene que remar contra corriente buena parte de su vida, la del exilio y los años del regreso a la patria, hasta que un amago de democracia se abre paso con el plebiscito de 1988, y la otra, circulante entre RN y la UDI, con el viento de cara todo ese tiempo, solo tiene que reciclarse, aunque pausada y sinceramente, cuando la situación lo exige.

Michelle Bachelet era una joven cuando el general Augusto Pinochet Ugarte tomaba el poder, pero ya con los parámetros de la política muy en su sitio, que posiblemente algo se radicalizaron durante su estancia en la RDA, extinto país del que la líder socialista guardará siempre un recuerdo caritativamente favorable. Y así es cómo vuelve plenamente integrada a una situación en la que su moralidad política le exige una contribución democrática desde la clandestinidad. Evelyn Matthei, concertista de piano frustrada, muy contrariamente, aun votaba por el general golpista en el referéndum, aunque dícese que más por sentido de la disciplina que por entusiasmo personal, y su recorrido ulterior se acompasa al del propio país: del autoritarismo más o menos light a la democracia razonablemente plena, aunque no, incluso hoy, absolutamente despinochetizada. Sus partidarios han subrayado que sus puntos de vista —comprensivos con el aborto terapéutico y el divorcio— son homologables a los de Europa, aunque algo rechinen en el panorama de la derecha chilena. Como puede verse, de paralelismos a lo Plutarco, ni pizca.

Y dos periodistas nacionales, Nancy Castillo y Rocío Montes —a quien me enorgullezco de haber dado clase en la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez en Cartagena de Indias, y en la propia Escuela de Periodismo de El País de Madrid—, han escrito el libro que seguro que será calificado como el más notable de las inminentes elecciones presidenciales aún vivos los ecos del 40 aniversario de la “pinochetada”, pero que es mucho más: el libro de dos periodistas chilenas sobre dos candidatas que aspiran políticamente a lo más alto y que, bien que desde perspectivas vitales muy diferentes, parecen estar capacitadas para desempeñar o volver a desempeñar (Bachelet ya lo demostró durante su mandato de 2006-2010) tan decisivo y simbólico cometido.

En el texto, lo primero que se hace notar es el exquisito escrúpulo de las autoras para que nadie pueda decir que hayan querido o permitido que la balanza se inclinara a uno u otro lado. En todo caso, como cumple al mejor periodismo, es la narrativa —me resisto a decir los “hechos”, porque nadie sabe cuáles son— la que habla. Imparcialidad no es lo mismo que neutralidad; la primera es condición sine qua non del buen periodismo y la segunda una atrofia de la capacidad de juicio; y añádase que la objetividad, como absoluto, tampoco existe, pero sí el fair play, que quiere decir que no hemos de preferir nada, pero tampoco ocultar ni lo más mínimo. Y eso es lo que hacen nuestras dos enviadas especiales a sí mismas: dejar que hable lo que han investigado, recopilado, estructurado en una narración vibrante, intensa y extraordinariamente bien documentada.

Como dicen Rocío y Nancy, las historias de vida, desde la niñez, marcan a los seres humanos, y de eso tenemos muchísimo y muy bueno en el libro. Y, si se me permite, algo hay que subrayar de las autoras, porque su caso, como el de las candidatas, es igualmente singular. Son pocas las periodistas de género, como parece que ahora se dice en Europa, que se dediquen a informar sobre la cosa política, y son dos periodistas de esa condición las que abordan el caso Bachelet-Matthei o Matthei-Bachelet, tanto monta, monta tanto, porque yo también creo en la imparcialidad y la potencia de los hechos como única guía de lectura para obras como la presente.

El lector chileno está, sin duda, mucho más informado que yo sobre lo que se le viene encima y la trascendental decisión que ha de tomar, pero, modestamente, creo que, tras haber leído Hijas de general, sé más del país, entiendo mejor su evolución tan exitosa en los últimos años, y hasta la relativa schadenfreude con la que algunos comentaristas se han despachado sobre la crisis europea y, en particular, sobre la catástrofe española. Y para eso han de servir los libros, a veces mal llamados de periodismo, porque al calificarlos así, aun inadvertidamente, se está rebajando el octanaje de la operación, como si la historia instantánea, que es lo que es la obra de Montes-Castillo, estuviera por ello necesariamente falta de homologación intelectual o académica.

El periodismo, al que con demasiada frecuencia se le aplican adjetivos que lo deforman: literario, político, internacional, económico, como si cada uno de ellos fuera un compartimiento aislado, cuando periodismo solo hay uno —impreso y digital—, dotado de unas técnicas determinadas que permiten hablar, más apropiadamente, de periodismo sobre la cultura, sobre la economía, sobre el mundo exterior, etc., y que alcanza en este caso una valoración excepcional. Nos encontramos ante un libro periodístico que lo abarca casi todo: el aspecto histórico contextual del país y personal de las protagonistas; lo intrincado de la política nacional; el pulso hasta psicológico de una sociedad durante años cruciales; las entretelas de la Concertación y una derecha, que hay quien ha llamado cainita, hasta esa actualidad que el tópico español llama “rabiosa” por lo inmediata. Y todo con la imprescindible urgencia del mejor periodismo.

En una ocasión, no tan en plan boutade como pudiera parecer, dije que los periodistas se dividían en dos categorías: los que eran rápidos y los que no eran periodistas. Saltaron, por supuesto, sobre mí todos los portaestandartes de la ponderación, la “objetividad”, la verificación de las fuentes —curiosamente, nadie del fair play—, como si la rapidez excluyera de oficio cualquiera de las excelencias mencionadas, y como si cupiera dudar de que la rapidez solo era una precondición necesaria pero nunca suficiente, del mejor periodismo. Y ocurre que, más aun en tiempos del digital, el periodista rápido lleva varias cabezas de ventaja sobre el que no lo es, entre otras cosas porque su misma rapidez le deja más tiempo para corroborar, para seleccionar sus argumentos, para releerse y depurar el texto y, especialmente, para cumplir con la hora de cierre en el impreso y con la velocidad crucero imprescindible del digital. Y las dos periodistas que firman el libro son, como sé por experiencia de una, y fuentes fidedignas de otra, periodistas que llegan muy a tiempo a su cita con los lectores. Matthei y Bachelet, Bachelet y Matthei, deberían congratularse muy particularmente por ello.

Miguel Ángel Bastenier

Premio María Moors Cabot 2012 de Columbia

Analista internacional de El País de España

Maestro de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) de Gabriel García Márquez, Colombia

Madrid, España, septiembre de 2013

Solapa del libro

Por Jon Lee Anderson

A cuarenta años del golpe, “Hijas de general” es una historia extraordinaria que llega a las profundidades de los chilenos. El relato de un duelo largo que sigue, imbuido de dolor pero camuflado de cortesías y lealtades. Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, compañeras de juegos en la infancia. Dos mujeres marcadas por una guerra civil sangrienta, que dejó a un padre muerto de por medio y otro padre que no hizo nada para salvarlo, que se encuentran después de las décadas convertidas en candidatas rivales para la presidencia. Su desafío es el mismo que el de Chile: ¿se enfrentan para las rencillas o hacen las paces? Escrita por dos excelentes periodistas, Rocío Montes y Nancy Castillo, “Hijas de general” es una crónica tan desgarradora como vívida, aleccionadora para la Historia de Chile y de lectura obligada.