Nuevos Cronistas de Indias 2 http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org Guía del periodismo de vanguardia en Iberoamérica Wed, 09 Sep 2015 15:57:22 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.7.5 66211711 Honoris Causa a Paul Auster: Discurso laudatorio de Cristian Alarcón http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/honoris-causa-paul-auster-discurso-laudatorio-de-cristian-alarcon/ http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/honoris-causa-paul-auster-discurso-laudatorio-de-cristian-alarcon/#comments Mon, 05 May 2014 21:12:13 +0000 http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/?p=3022 el director de Anfibia Cristian Alarcón leyó la laudatio a Paul Auster. Un texto que resume la obra del escritor norteamericano y que habla de Tomás Eloy Martínez, Kafka, las consecuencias del azar y de un hombre triste que en su jardín del sur de Chile rastrilla las hojas secas.

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  • Los escritores Paul Auster y J.M. Coetzee fueron galardonados con el doctorado honoris causa de la Universidad Nacional de San Martín, en Argentina.
  • En la carpa de la UNSAM, frente a cientos de personas, el director de Anfibia Cristian Alarcón leyó la laudatio a Paul Auster. Un texto que resume la obra del escritor norteamericano y que habla de Tomás Eloy Martínez, Kafka, las consecuencias del azar y de un hombre triste que en su jardín del sur de Chile rastrilla las hojas secas”.
  • Cristian Alarcón, Paul Auster y J.M. Coetzee - Foto: Anfibia

    Cristian Alarcón, Paul Auster y J.M. Coetzee – Foto: Anfibia

    Riman las personas, los objetos y los hechos

    Por Cristian Alarcón

    Primero pediré disculpas por mi rol de laudador, tan inmerecido. Decenas de escritores aquí presentes, y otros tantos críticos y académicos lo hubieran hecho mejor que este cronista. Luego le pediré disculpas, señor Auster, por la necesidad de ser traducido de mi español a algún tipo de inglés. Nos acompañará aquí esa experiencia espantosa de la traducción: quedar en manos de un desconocido, persiguiendo la comprensión. Debemos confiar, eso sí, teniendo en cuenta lo más importante que quizás usted nos deja en su obra, en que cualquier malentendido es simple causa del tiempo presente, tan traidor: si algo malo, imprevisto ocurre, durante esta laudatio, seremos exiliados en su propia literatura, al resguardo de la sabia, implacable,  vital confusión.

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    Discurso de Elena Poniatowska en la ceremonia de entrega del Premio Cervantes 2014 http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/discurso-de-elena-poniatowska-en-la-ceremonia-de-entrega-del-premio-cervantes-2014/ http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/discurso-de-elena-poniatowska-en-la-ceremonia-de-entrega-del-premio-cervantes-2014/#comments Wed, 23 Apr 2014 21:07:27 +0000 http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/?p=3016 La periodista y novelista mexicana fue la cuarta mujer en recibir el galardón.

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  • Relacionado: Consulta el Storify con crónicas, perfiles, entrevistas y discursos de Elena Poniatoska en la Red Iberoamericana de Periodismo Cultural.
  • Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señor Ministro de Educación, Cultura y Deporte, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, Señor Presidente de la Comunidad de Madrid, Señor Alcalde de esta ciudad, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas, amigos, señores y señoras.

    Soy la cuarta mujer en recibir el Premio Cervantes, creado en 1976. (Los hombres son treinta y cinco.) María Zambrano fue la primera y los mexicanos la consideramos nuestra porque debido a la Guerra Civil Española vivió en México y enseñó en la Universidad Nicolaíta en Morelia, Michoacán.

    Simone Weil, la filósofa francesa, escribió que echar raíces es quizá la necesidad más apremiante del alma humana. En María Zambrano, el exilio fue una herida sin cura, pero ella fue una exiliada de todo menos de su escritura.

    La más joven de todas las poetas de América Latina en la primera mitad del siglo XX, la cubana Dulce María Loynaz, segunda en recibir el Cervantes, fue amiga de García Lorca y hospedó en su finca de La Habana a Gabriela Mistral y a Juan Ramón Jiménez. Años más tarde, cuando le sugirieron que abandonara la Cuba revolucionaria respondió que cómo iba a marcharse si Cuba era invención de su familia.

    A Ana María Matute, la conocí en El Escorial en 2003. Hermosa y descreída, sentí afinidad con su obsesión por la infancia y su imaginario riquísimo y feroz.

    María, Dulce María y Ana María, las tres Marías, zarandeadas por sus circunstancias, no tuvieron santo a quién encomendarse y sin embargo, hoy por hoy, son las mujeres de Cervantes, al igual que Dulcinea del Toboso, Luscinda, Zoraida y Constanza. A diferencia de ellas, muchos dioses me han protegido porque en México hay un dios bajo cada piedra, un dios para la lluvia, otro para la fertilidad, otro para la muerte. Contamos con un dios para cada cosa y no con uno solo que de tan ocupado puede equivocarse.

    Del otro lado del océano, en el siglo XVII la monja jerónima Sor Juana Inés de la Cruz supo desde el primer momento que la única batalla que vale la pena es la del conocimiento. Con mucha razón José Emilio Pacheco la definió: “Sor Juana/ es la llama trémula/ en la noche de piedra del virreinato”.

    Su respuesta a Sor Filotea de la Cruz es una defensa liberadora, el primer alegato de una intelectual sobre quien se ejerce la censura. En la literatura no existe otra mujer que al observar el eclipse lunar del 22 de diciembre de 1684 haya ensayado una explicación del origen del universo. Ella lo hizo en los 975 versos de su poema “Primero sueño”. Dante tuvo la mano de Virgilio para bajar al infierno, pero nuestra Sor Juana descendió sola y al igual que Galileo y Giordano Bruno fue castigada por amar la ciencia y reprendida por prelados que le eran harto inferiores.

    Sor Juana contaba con telescopios, astrolabios y compases para su búsqueda científica. También dentro de la cultura de la pobreza se atesoran bienes inesperados. Jesusa Palancares, la protagonista de mi novela- testimonio “Hasta no verte Jesús mío”, no tuvo más que su intuición para asomarse por la única apertura de su vivienda a observar el cielo nocturno como una gracia sin precio y sin explicación posible. Jesusa vivía a la orilla del precipicio, por lo tanto el cielo estrellado en su ventana era un milagro que intentaba descifrar. Quería comprender por qué había venido a la Tierra, para qué era todo eso que la rodeaba y cuál podría ser el sentido último de lo que veía. Al creer en la reencarnación estaba segura de que muchos años antes había nacido como un hombre malo que desgració a muchas mujeres y ahora tenía que pagar sus culpas entre abrojos y espinas.

    Mi madre nunca supo qué país me había regalado cuando llegamos a México, en 1942, en el “Marqués de Comillas”, el barco con el que Gilberto Bosques salvó la vida de tantos republicanos que se refugiaron en México durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas. Mi familia siempre fue de pasajeros en tren: italianos que terminan en Polonia, mexicanos que viven en Francia, norteamericanas que se mudan a Europa. Mi hermana Kitzia y yo fuimos niñas francesas con un apellido polaco. Llegamos “a la inmensa vida de México” —como diría José Emilio Pacheco—, al pueblo del sol. Desde entonces vivimos transfiguradas y nos envuelve entre otras encantaciones, la ilusión de convertir fondas en castillos con rejas doradas.

    Las certezas de Francia y su afán por tener siempre la razón palidecieron al lado de la humildad de los mexicanos más pobres. Descalzos, caminaban bajo su sombrero o su rebozo. Se escondían para que no se les viera la vergüenza en los ojos. Al servicio de los blancos, sus voces eran dulces y cantaban al preguntar: “¿No le molestaría enseñarme cómo quiere que le sirva?”

    Aprendí el español en la calle, con los gritos de los pregoneros y con unas rondas que siempre se referían a la muerte. “Naranja dulce,/ limón celeste,/ dile a María/ que no se acueste./ María, María/ ya se acostó,/ vino la muerte/y se la llevó”. O esta que es aún más aterradora: “Cuchito, cuchito/ mató a su mujer/ con un cuchillito/ del tamaño de él./ Le sacó las tripas/ y las fue a vender./ —¡Mercarán tripitas/ de mala mujer!”

    Todavía hoy se mercan las tripas femeninas. El pasado 13 de abril, dos mujeres fueron asesinadas de varios tiros en la cabeza en Ciudad Juárez, una de 15 años y otra de 20, embarazada. El cuerpo de la primera fue encontrado en un basurero.

    Recuerdo mi asombro cuando oí por primera vez la palabra “gracias” y pensé que su sonido era más profundo que el “merci” francés. También me intrigó ver en un mapa de México varios espacios pintados de amarillo marcados con el letrero: “Zona por descubrir”. En Francia, los jardines son un pañuelo, todo está cultivado y al alcance de la mano. Este enorme país temible y secreto llamado México, en el que Francia cabía tres veces, se extendía moreno y descalzo frente a mi hermana y a mí y nos desafiaba: “Descúbranme”. El idioma era la llave para entrar al mundo indio, el mismo mundo del que habló Octavio Paz, aquí en Alcalá de Henares en 1981, cuando dijo que sin el mundo indio no seríamos lo que somos.

    ¿Cómo iba yo a transitar de la palabra París a la palabra Parangaricutirimicuaro? Me gustó poder pronunciar Xochitlquetzal, Nezahualcóyotl o Cuauhtémoc y me pregunté si los conquistadores se habían dado cuenta quiénes eran sus conquistados.

    Quienes me dieron la llave para abrir a México fueron los mexicanos que andan en la calle. Desde 1953, aparecieron en la ciudad muchos personajes de a pie semejantes a los que don Quijote y su fiel escudero encuentran en su camino, un barbero, un cuidador de cabras, Maritornes la ventera. Antes, en México, el cartero traía uniforme cepillado y gorra azul y ahora ya ni se anuncia con su silbato, solo avienta bajo la puerta la correspondencia que saca de su desvencijada mochila. Antes también el afilador de cuchillos aparecía empujando su gran piedra montada en un carrito producto del ingenio popular, sin beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y la iba mojando con el agua de una cubeta. Al hacerla girar, el cuchillo sacaba chispas y partía en el aire los cabellos en dos; los cabellos de la ciudad que en realidad no es sino su mujer a la que le afila las uñas, le cepilla los dientes, le pule las mejillas, la contempla dormir y cuando la ve vieja y ajada le hace el gran favor de encajarle un cuchillo largo y afilado en su espalda de mujer confiada. Entonces la ciudad llora quedito, pero ningún llanto más sobrecogedor que el lamento del vendedor de camotes que dejó un rayón en el alma de los niños mexicanos porque el sonido de sus carritos se parece al silbato del tren que detiene el tiempo y hace que los que abren surcos en la milpa levanten la cabeza y dejen el azadón y la pala para señalarle a su hijo: “Mira el tren, está pasando el tren, allá va el tren; algún día, tú viajarás en tren”.

    Tina Modotti llegó de Italia pero bien podría considerarse la primera fotógrafa mexicana moderna. En 1936, en España cambió de profesión y acompañó como enfermera al doctor Norman Bethune a hacer las primeras transfusiones de sangre en el campo de batalla. Treinta y ocho años más tarde, Rosario Ibarra de Piedra se levantó en contra de una nueva forma de tortura, la desaparición de personas. Su protesta antecede al levantamiento de las Madres de Plaza de Mayo con su pañuelo blanco en la cabeza por cada hijo desaparecido. “Vivos los llevaron, vivos los queremos”.

    La última pintora surrealista, Leonora Carrington pudo escoger vivir en Nueva York al lado de Max Ernst y el círculo de Peggy Guggenheim pero, sin saber español, prefirió venir a México con el poeta Renato Leduc, autor de un soneto sobre el tiempo que pienso decirles más tarde si me da la vida para tanto.

    Lo que se aprende de niña permanece indeleble en la conciencia y fui del castellano colonizador al mundo esplendoroso que encontraron los conquistadores. Antes de que los Estados Unidos pretendieran tragarse a todo el continente, la resistencia indígena alzó escudos de oro y penachos de plumas de quetzal y los levantó muy alto cuando las mujeres de Chiapas, antes humilladas y furtivas, declararon en 1994 que querían escoger ellas a su hombre, mirarlo a los ojos, tener los hijos que deseaban y no ser cambiadas por una garrafa de alcohol. Deseaban tener los mismos derechos que los hombres.

    “¿Quien anda ahí?” “Nadie”, consignó Octavio Paz en “El laberinto de la soledad”. Muchos mexicanos se ningunean. “No hay nadie” —contesta la sirvienta. “¿Y tú quien eres?” “No, pues nadie”. No lo dicen para hacerse menos ni por esconderse sino porque es parte de su naturaleza. Tampoco la naturaleza dice lo que es ni se explica a sí misma, simplemente estalla. Durante el terremoto de 1985, muchos jóvenes punk de esos que se pintan los ojos de negro y el pelo de rojo, con chalecos y brazaletes cubiertos de estoperoles y clavos arribaban a los lugares siniestrados, edificios convertidos en sándwich, y pasaban la noche entera con picos y palas para sacar escombros que después acarreaban en cubetas y carretillas. A las cinco de la mañana, ya cuando se iban, les pregunté por su nombre y uno de ellos me respondió: “Pues póngame nomás Juan”, no sólo porque no quería singularizarse o temiera el rechazo sino porque al igual que millones de pobres, su silencio es también un silencio de siglos de olvido y de marginación.

    Tenemos el dudoso privilegio de ser la ciudad más grande del mundo: casi 9 millones de habitantes. El campo se vacía, todos llegan a la capital que tizna a los pobres, los revuelca en la ceniza, les chamusca las alas aunque su resistencia no tiene límites y llegan desde la Patagonia para montarse en el tren de la muerte llamado “La Bestia” con el sólo fin de cruzar la frontera de Estados Unidos.

    En 1979, Marta Traba publicó en Colombia una “Homérica Latina” en la que los personajes son los perdedores de nuestro continente, los de a pie, los que hurgan en la basura, los recogedores de desechos de las ciudades perdidas, las multitudes que se pisotean para ver al Papa, los que viajan en autobuses atestados, los que se cubren la cabeza con sombreros de palma, los que aman a Dios en tierra de indios. He aquí a nuestros personajes, los que llevan a sus niños a fotografiar ya muertos para convertirlos en “angelitos santos”, la multitud que rompe las vallas y desploma los templetes en los desfiles militares, la que de pronto y sin esfuerzo hace fracasar todas las mal intencionadas políticas de buena vecindad, esa masa anónima, oscura e imprevisible que va poblando lentamente la cuadrícula de nuestro continente; el pueblo de las chinches, las pulgas y las cucarachas, el miserable pueblo que ahora mismo deglute el planeta. Y es esa masa formidable la que crece y traspasa las fronteras, trabaja de cargador y de mocito, de achichincle y lustrador de zapatos —en México los llamamos boleros—. El novelista José Agustín declaró al regresar de una universidad norteamericana: “Allá, creen que soy un limpiabotas venido a más”. Habría sido mejor que dijera “un limpiabotas venido a menos”. Todos somos venidos a menos, todos menesterosos, en reconocerlo está nuestra fuerza. Muchas veces me he preguntado si esa gran masa que viene caminando lenta e inexorablemente desde la Patagonia a Alaska se pregunta hoy por hoy en qué grado depende de los Estados Unidos. Creo más bien que su grito es un grito de guerra y es avasallador, es un grito cuya primera batalla literaria ha sido ganada por los chicanos.

    Los mexicanos que me han precedido son cuatro: Octavio Paz en 1981, Carlos Fuentes en 1987, Sergio Pitol en 2005 y José Emilio Pacheco en 2009. Rosario Castellanos y María Luisa Puga no tuvieron la misma suerte y las invoco así como a José Revueltas. Sé que ahora los siete me acompañan, curiosos por lo que voy a decir, sobre todo Octavio Paz.

    Ya para terminar y porque me encuentro en España, entre amigos quisiera contarles que tuve un gran amor “platónico” por Luis Buñuel porque juntos fuimos al Palacio Negro de Lecumberri —cárcel legendaria de la ciudad de México—, a ver a nuestro amigo Álvaro Mutis, el poeta y gaviero, compañero de batallas de nuestro indispensable Gabriel García Márquez. La cárcel, con sus presos reincidentes llamados “conejos”, nos acercó a una realidad compartida: la de la vida y la muerte tras los barrotes.

    Ningún acontecimiento más importante en mi vida profesional que este premio que el jurado del Cervantes otorga a una Sancho Panza femenina que no es Teresa Panza ni Dulcinea del Toboso, ni Maritornes, ni la princesa Micomicona que tanto le gustaba a Carlos Fuentes, sino una escritora que no puede hablar de molinos porque ya no los hay y en cambio lo hace de los andariegos comunes y corrientes que cargan su bolsa del mandado, su pico o su pala, duermen a la buena ventura y confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan.

    Niños, mujeres, ancianos, presos, dolientes y estudiantes caminan al lado de esta reportera que busca, como lo pedía María Zambrano, “ir más allá de la propia vida, estar en las otras vidas”.

    Por todas estas razones, el premio resulta más sorprendente y por lo tanto es más grande la razón para agradecerlo.

    El poder financiero manda no sólo en México sino en el mundo. Los que lo resisten, montados en Rocinante y seguidos por Sancho Panza son cada vez menos. Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos.

    A mi hija Paula, su hija Luna, aquí presente, le preguntó: —Oye mamá, ¿y tú cuántos años tienes?

    Paula le dijo su edad y Luna insistió:

    —¿Antes o después de Cristo?

    Es justo aclararle hoy a mi nieta, que soy una evangelista después de Cristo, que pertenezco a México y a una vida nacional que se escribe todos los días y todos los días se borra porque las hojas de papel de un periódico duran un día. Se las lleva el viento, terminan en la basura o empolvadas en las hemerotecas. Mi padre las usaba para prender la chimenea. A pesar de esto, mi padre preguntaba temprano en la mañana si había llegado el “Excélsior”, que entonces dirigía Julio Scherer García y leíamos en familia. Frida Kahlo, pintora, escritora e ícono mexicano dijo alguna vez: “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”.

    A diferencia de ella, espero volver, volver, volver y ese es el sentido que he querido darle a mis 82 años. Pretendo subir al cielo y regresar con Cervantes de la mano para ayudarlo a repartir, como un escudero femenino, premios a los jóvenes que como yo hoy, 23 de abril de 2014, día internacional del libro, lleguen a Alcalá de Henares.

    En los últimos años de su vida, el astrónomo Guillermo Haro repetía las coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre. Observaba durante horas a una jacaranda florecida y me hacía notar “cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando”. Esa certeza del estrellero también la he hecho mía, como siento mías las jacarandas que cada año cubren las aceras de México con una alfombra morada que es la de la cuaresma, la muerte y la resurrección.

    Muchas gracias por escuchar.

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    “Cronistas, la nueva camada” en Revista Paula http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/cronistas-la-nueva-camada-en-revista-paula/ http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/cronistas-la-nueva-camada-en-revista-paula/#comments Thu, 09 Jan 2014 16:28:19 +0000 http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/?p=2898 Medios, autores y talleres de crónica son abordados en este artículo de la Revista Paula.

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  • Medios, autores y talleres de crónica son abordados en este artículo de la Revista Paula.
  • Federico Bianchini (Argentina), Albinson Linares (Venezuela), Daniela Rea (México) y Emiliano Ruiz-Parra (México) son algunos de los periodistas mencionados.
  • Cronistas -  Ilustración: Pablo Farías - Revista Paula

    Cronistas – Ilustración: Pablo Farías – Revista Paula

    Por Astrid Hoffmann

    Una nueva ola de periodistas y autores jóvenes se está haciendo camino después de que otros, ya consagrados, les abrieran el paso y los empujaran a seguir adelante en el democrático oficio de contar historias. De política y violencia, pero también de espiritualidad y literatura, escribe la nueva camada de cronistas latinoamericanos.

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    “Hijas de general: La historia que cruza a Bachelet y Matthei” http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/hijas-de-general-la-historia-que-cruza-a-bachelet-y-matthei/ http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/hijas-de-general-la-historia-que-cruza-a-bachelet-y-matthei/#comments Mon, 09 Dec 2013 19:18:59 +0000 http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/?p=2889 Las dos candidatas presidenciales en Chile eran compañeras de juegos e hijas de militares amigos. El libro coescrito por Rocío Montes y Nancy Castillo está disponible a la venta como Kindle Ebook en Amazon. Compartimos el prólogo y la solapa del libro, escritos por Miguel Ángel Bastenier y Jon Lee Anderson.

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  • Las dos candidatas presidenciales en Chile eran compañeras de juegos en la infancia e hijas de dos militares que eran amigos, pero que tomaron posiciones distintas ante el golpe de Estado de 1973.
  • El libro coescrito por Rocío Montes y Nancy Castillo está disponible a la venta como Kindle Ebook en Amazon.
  •  Compartimos el prólogo y la solapa del libro, escritos por Miguel Ángel Bastenier y Jon Lee Anderson.
  • Rocío Montes y Nancy Castillo - Foto: Pablo Sanhueza

    Rocío Montes y Nancy Castillo – Foto: Pablo Sanhueza

    Adquiere el libro: “Hijas de general: La historia que cruza a Bachelet y Matthei”

    Vidas, todo menos paralelas

    Por Miguel Ángel Bastenier*

    Hijas de General - Nancy Castillo y Rocío Montes

    Hijas de General – Nancy Castillo y Rocío Montes

    Si Plutarco fuera chileno se habría llevado un gran disgusto. A primera vista, que siempre es mejor que vaya acompañada de una segunda, Evelyn Matthei y Michelle Bachelet, respectivamente, derecha e izquierda clásicas a más no poder, serían el modelo perfecto para el gran biógrafo griego, hijas las dos de generales de parecida generación, militares que se conocían e incluso se apreciaban, las candidatas que se conocieron de niñas, una apenas un par de años mayor que la otra, aunque decir que eran amigas sería mucho decir, y que ahora confluyen una pila de años más tarde en disputarse la Presidencia del país. Un aparente paralelismo generacional, cronológico cuando menos, es innegable que existe, pero por mucho nacimiento y confluencia que hayan podido producirse, no hay dos destinos más alejados entre sí que el de las dos aspirantes.

    Una, la socialista, tiene que remar contra corriente buena parte de su vida, la del exilio y los años del regreso a la patria, hasta que un amago de democracia se abre paso con el plebiscito de 1988, y la otra, circulante entre RN y la UDI, con el viento de cara todo ese tiempo, solo tiene que reciclarse, aunque pausada y sinceramente, cuando la situación lo exige.

    Michelle Bachelet era una joven cuando el general Augusto Pinochet Ugarte tomaba el poder, pero ya con los parámetros de la política muy en su sitio, que posiblemente algo se radicalizaron durante su estancia en la RDA, extinto país del que la líder socialista guardará siempre un recuerdo caritativamente favorable. Y así es cómo vuelve plenamente integrada a una situación en la que su moralidad política le exige una contribución democrática desde la clandestinidad. Evelyn Matthei, concertista de piano frustrada, muy contrariamente, aun votaba por el general golpista en el referéndum, aunque dícese que más por sentido de la disciplina que por entusiasmo personal, y su recorrido ulterior se acompasa al del propio país: del autoritarismo más o menos light a la democracia razonablemente plena, aunque no, incluso hoy, absolutamente despinochetizada. Sus partidarios han subrayado que sus puntos de vista —comprensivos con el aborto terapéutico y el divorcio— son homologables a los de Europa, aunque algo rechinen en el panorama de la derecha chilena. Como puede verse, de paralelismos a lo Plutarco, ni pizca.

    Y dos periodistas nacionales, Nancy Castillo y Rocío Montes —a quien me enorgullezco de haber dado clase en la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez en Cartagena de Indias, y en la propia Escuela de Periodismo de El País de Madrid—, han escrito el libro que seguro que será calificado como el más notable de las inminentes elecciones presidenciales aún vivos los ecos del 40 aniversario de la “pinochetada”, pero que es mucho más: el libro de dos periodistas chilenas sobre dos candidatas que aspiran políticamente a lo más alto y que, bien que desde perspectivas vitales muy diferentes, parecen estar capacitadas para desempeñar o volver a desempeñar (Bachelet ya lo demostró durante su mandato de 2006-2010) tan decisivo y simbólico cometido.

    En el texto, lo primero que se hace notar es el exquisito escrúpulo de las autoras para que nadie pueda decir que hayan querido o permitido que la balanza se inclinara a uno u otro lado. En todo caso, como cumple al mejor periodismo, es la narrativa —me resisto a decir los “hechos”, porque nadie sabe cuáles son— la que habla. Imparcialidad no es lo mismo que neutralidad; la primera es condición sine qua non del buen periodismo y la segunda una atrofia de la capacidad de juicio; y añádase que la objetividad, como absoluto, tampoco existe, pero sí el fair play, que quiere decir que no hemos de preferir nada, pero tampoco ocultar ni lo más mínimo. Y eso es lo que hacen nuestras dos enviadas especiales a sí mismas: dejar que hable lo que han investigado, recopilado, estructurado en una narración vibrante, intensa y extraordinariamente bien documentada.

    Como dicen Rocío y Nancy, las historias de vida, desde la niñez, marcan a los seres humanos, y de eso tenemos muchísimo y muy bueno en el libro. Y, si se me permite, algo hay que subrayar de las autoras, porque su caso, como el de las candidatas, es igualmente singular. Son pocas las periodistas de género, como parece que ahora se dice en Europa, que se dediquen a informar sobre la cosa política, y son dos periodistas de esa condición las que abordan el caso Bachelet-Matthei o Matthei-Bachelet, tanto monta, monta tanto, porque yo también creo en la imparcialidad y la potencia de los hechos como única guía de lectura para obras como la presente.

    El lector chileno está, sin duda, mucho más informado que yo sobre lo que se le viene encima y la trascendental decisión que ha de tomar, pero, modestamente, creo que, tras haber leído Hijas de general, sé más del país, entiendo mejor su evolución tan exitosa en los últimos años, y hasta la relativa schadenfreude con la que algunos comentaristas se han despachado sobre la crisis europea y, en particular, sobre la catástrofe española. Y para eso han de servir los libros, a veces mal llamados de periodismo, porque al calificarlos así, aun inadvertidamente, se está rebajando el octanaje de la operación, como si la historia instantánea, que es lo que es la obra de Montes-Castillo, estuviera por ello necesariamente falta de homologación intelectual o académica.

    El periodismo, al que con demasiada frecuencia se le aplican adjetivos que lo deforman: literario, político, internacional, económico, como si cada uno de ellos fuera un compartimiento aislado, cuando periodismo solo hay uno —impreso y digital—, dotado de unas técnicas determinadas que permiten hablar, más apropiadamente, de periodismo sobre la cultura, sobre la economía, sobre el mundo exterior, etc., y que alcanza en este caso una valoración excepcional. Nos encontramos ante un libro periodístico que lo abarca casi todo: el aspecto histórico contextual del país y personal de las protagonistas; lo intrincado de la política nacional; el pulso hasta psicológico de una sociedad durante años cruciales; las entretelas de la Concertación y una derecha, que hay quien ha llamado cainita, hasta esa actualidad que el tópico español llama “rabiosa” por lo inmediata. Y todo con la imprescindible urgencia del mejor periodismo.

    En una ocasión, no tan en plan boutade como pudiera parecer, dije que los periodistas se dividían en dos categorías: los que eran rápidos y los que no eran periodistas. Saltaron, por supuesto, sobre mí todos los portaestandartes de la ponderación, la “objetividad”, la verificación de las fuentes —curiosamente, nadie del fair play—, como si la rapidez excluyera de oficio cualquiera de las excelencias mencionadas, y como si cupiera dudar de que la rapidez solo era una precondición necesaria pero nunca suficiente, del mejor periodismo. Y ocurre que, más aun en tiempos del digital, el periodista rápido lleva varias cabezas de ventaja sobre el que no lo es, entre otras cosas porque su misma rapidez le deja más tiempo para corroborar, para seleccionar sus argumentos, para releerse y depurar el texto y, especialmente, para cumplir con la hora de cierre en el impreso y con la velocidad crucero imprescindible del digital. Y las dos periodistas que firman el libro son, como sé por experiencia de una, y fuentes fidedignas de otra, periodistas que llegan muy a tiempo a su cita con los lectores. Matthei y Bachelet, Bachelet y Matthei, deberían congratularse muy particularmente por ello.

    Miguel Ángel Bastenier

    Premio María Moors Cabot 2012 de Columbia

    Analista internacional de El País de España

    Maestro de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) de Gabriel García Márquez, Colombia

    Madrid, España, septiembre de 2013

    Solapa del libro

    Por Jon Lee Anderson

    A cuarenta años del golpe, “Hijas de general” es una historia extraordinaria que llega a las profundidades de los chilenos. El relato de un duelo largo que sigue, imbuido de dolor pero camuflado de cortesías y lealtades. Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, compañeras de juegos en la infancia. Dos mujeres marcadas por una guerra civil sangrienta, que dejó a un padre muerto de por medio y otro padre que no hizo nada para salvarlo, que se encuentran después de las décadas convertidas en candidatas rivales para la presidencia. Su desafío es el mismo que el de Chile: ¿se enfrentan para las rencillas o hacen las paces? Escrita por dos excelentes periodistas, Rocío Montes y Nancy Castillo, “Hijas de general” es una crónica tan desgarradora como vívida, aleccionadora para la Historia de Chile y de lectura obligada.

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    El templo del periodista http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/el-templo-del-periodista/ http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/el-templo-del-periodista/#comments Fri, 08 Nov 2013 21:07:09 +0000 http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/?p=2877 “Podría considerarse un cliché, pero es cierto que es prácticamente imposible venir a Rio de Janeiro y no notar el contraste entre la parte urbanizada y las favelas” Lee también: ENTREVISTAS: ENTRE LA CHARLA Y LA GUERRA “ESCRIBIR UN REPORTAJE ES COMO VISITAR UNA CIUDAD DESCONOCIDA” “NO SE TRATA DE PONER AL LECTOR A TRABAJAR” […]

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  • “Podría considerarse un cliché, pero es cierto que es prácticamente imposible venir a Rio de Janeiro y no notar el contraste entre la parte urbanizada y las favelas”
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  • Taller de Reportaje con Jon Lee Anderson (Río de Janeiro, 2013) - Foto: Ailton Silva

    Taller de Reportaje con Jon Lee Anderson (Río de Janeiro, 2013) – Foto: Ailton Silva

    Por Claudia Antunes

    LER A VERSÃO EM PORTUGUÊS: O templo do jornalista

    A pesar de contar con más de 30 años de experiencia, el periodista estadounidense Jon Lee Anderson todavía siente aprensión cuando se dispone a redactar un reportaje largo.

    Se pasa tres días dando vueltas en torno a su escritorio, haciendo lo que él llama «la preparación del templo», ordenando todo el material recogido durante la investigación. Cuando por fin se sienta frente al computador, se pasa una semana trabajando en las primeras mil palabras del texto, las que establecen la voz del autor. Una vez que tiene lista esa parte y le ha quedado bien, el resto del artículo le resulta más fácil.  Tarda en promedio unas 3 semanas en redactar 10.000 palabras, que es el tamaño medio de los reportajes que publica en la revista NewYorker.

    Jon Lee Anderson contó cómo es para él el proceso de la escritura el jueves 7 de noviembre, en el marco del taller de reportaje organizado en Rio de Janeiro por la FNPI (Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano), las revistas brasileñas piauí y serrote y el IMS (Instituto Moreira Salles). Explicó que no suele preparar un esquema,  y que le gusta empezar sus reportajes describiendo el lugar en el que se va a desarrollar la historia.  «Un reportaje debe moverse dentro de un tiempo y un espacio acotados» afirmó.

    La sesión del cuarto y penúltimo día se dedicó a repasar los borradores de los reportajes que están preparando los 16  participantes. Los temas escogidos por la mayoría tienen que ver con la desigualdad social palpable en la ciudad. «Podría considerarse un cliché, pero es cierto que es prácticamente imposible venir a Rio de Janeiro y no notar el contraste entre la parte urbanizada y las favelas». Concedió que muchas veces un lugar desconocido –como es el caso de Rio para algunos de los periodistas que vinieron de fuera para participar en estas clínicas— termina por revelarse como más complejo de lo que sugiere la primera impresión. Sin embargo, esa mirada virgen es importante, según él, porque permite captar detalles que quien conoce bien una ciudad o país no llega a percibir.

    Durante el análisis de los textos, los periodistas extranjeros y el propio profesor descubrieron que en Brasil no se entiende por crónica el mismo tipo de artículo medianamente largo que se designa de esa manera en el resto de países latinoamericanos. Para los brasileños la crónica es más breve y lleva una fuerte impronta personal, pues se basa en las observaciones personales del autor acerca una escena o acontecimiento cotidiano. Se trata de una tradición nacional que se mantiene viva y cuenta con exponentes de la talla de Rubem Braga, Paulo Mendes Campos y Nelson Rodrigues. Otra discusión interesante giró en torno a la inclusión de los conductores de taxi en los reportajes. En palabras de Anderson, «el mundo está lleno de taxistas geniales, pero por eso mismo no entran en mis textos, porque es una solución demasiado fácil».

    La jornada del jueves fue larga. Por la noche el periodista norteamericano participó en un debate, abierto al público, que se celebró en el auditorio del IMS. El evento, de dos horas de duración, reunió a más de 130 personas que escucharon algunas de las aventuras y desventuras del experimentado reportero en Cuba, Afganistán, Irak y Bolivia entre otros lugares. Contó que está seguro de haber visto a Saddam Hussein al volante de un jeep dos semanas después de la invasión de su país  por parte de Estados Unidos, y que la vez que más riesgo corrió fue cuando lo capturó la Yihad Islámica en la franja de Gaza. Los guerrilleros no hicieron caso de sus reclamaciones de que era periodista. Ellos estaban convencidos de que era israelí y estaban a punto de apedrearlo cuando uno se acordó de que lo había visto antes. Con eso se aplazó la ejecución, y Jon tuvo oportunidad de escaparse, en plena batalla entre los militantes y soldados de Israel.

    El periodista invitado no se guardó su opinión sobre el caso del exespía Edward Snowden, que pasó documentos de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos) al periodista Glenn Greenwald, que casualmente reside en Brasil. Anderson declaró que, sin entrar en el debate acerca de la extensión de la red de espionaje norteamericana, no le cuadra que Snowden se haya asilado en un país como Rusia en el que varios periodistas han sido muertos y amenazados en los últimos años. Afirmó también que no considera que Julian Assange, fundador de Wikileaks, sea periodista. «Él lo que es es un anarquista utópico».

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    O templo do jornalista http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/o-templo-do-jornalista/ http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/o-templo-do-jornalista/#comments Fri, 08 Nov 2013 21:01:51 +0000 http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/?p=2876 “É um clichê, mas é quase impossível vir ao Rio e não notar o contraste entre asfalto e favela”.

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  • “É um clichê, mas é quase impossível vir ao Rio e não notar o contraste entre asfalto e favela”.
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  • Taller de Reportaje con Jon Lee Anderson (Río de Janeiro, 2013) - Foto: Ailton Silva

    Taller de Reportaje con Jon Lee Anderson (Río de Janeiro, 2013) – Foto: Ailton Silva

    Por Claudia Antunes

    LEE LA VERSIÓN EN ESPAÑOL: El templo del periodista

    Mesmo depois de mais de 30 anos de jornalismo, o repórter americano Jon Lee Anderson ainda fica ansioso antes de começar a escrever uma reportagem longa. Ele passa três dias rondando o escritório e fazendo o que chama de “preparo do templo” – a arrumação do material colhido durante a apuração. Quando finalmente senta-se diante do computador, passa uma semana trabalhando nas primeiras mil palavras do texto, aquelas que estabelecem a “voz do autor”. Depois que esse trecho fica pronto e bom, o resto do artigo sai mais fácil. Em média, o jornalista leva cerca de três semanas para escrever 10 mil palavras, o tamanho médio das reportagens que publica na revista New Yorker.

    Jon Lee Anderson falou do seu processo de escrita na quinta-feira 7 de novembro, durante os trabalhos da oficina de reportagens organizada no Rio pela FNPI (Fundação Gabriel García Márquez para o Novo Jornalismo Iberoamericano), as revistas brasileiras piauí e serrote e o Instituto Moreira Salles, o IMS. Ele contou que não costuma fazer um roteiro antes de começar a escrever, e que gosta de começar suas reportagens com uma descrição do lugar em que a história está situada. “Uma reportagem deve se movimentar no tempo e no espaço”, disse.

    O quarto e penúltimo dia da oficina foi dedicado à revisão de rascunhos das reportagens que os 16 jornalistas participantes estão preparando. O tema de grande parte delas está relacionado à desigualdade social na cidade. “É um clichê, mas é quase impossível vir ao Rio e não notar o contraste entre asfalto e favela”, disse Jon Lee. Ele concordou que muitas vezes um lugar desconhecido – como é o caso do Rio para alguns dos repórteres que participam da oficina – pode se revelar mais complexo do que a primeira impressão sugere. Mas disse que o olhar virgem é importante porque permite ao jornalista captar detalhes que quem conhece bem uma cidade ou um país não percebe mais.

    Durante a análise dos textos, os jornalistas de países vizinhos – e o próprio professor – fizeram uma descoberta: para os brasileiros, o que se chama de “crônica” não é uma narrativa jornalística longa, como se entende nos demais países latino-americanos. Crônica, no Brasil, é um texto mais curto e com forte marca pessoal, baseado nas observações do autor sobre uma cena ou evento do cotidiano. É uma tradição nacional que se mantém viva nos jornais e teve expoentes como Rubem Braga, Paulo Mendes Campos e Nelson Rodrigues. Outra discussão interessante foi sobre o uso de motoristas de táxi como personagens de reportagens. Jon Lee disse que “o mundo está cheio de taxistas  geniais”, mas, por isso mesmo, eles não entram nos textos que escreve. “É uma solução fácil demais.”

    A quinta-feira foi longa. À noite, Jon Lee Anderson participou de um debate de duas horas, aberto ao público, no auditório do IMS. O evento reuniu mais de 130 pessoas. O jornalista relatou experiências de trabalho em Cuba, no Afeganistão, no Iraque e na Bolívia. Contou que acredita ter visto Saddam Hussein ao volante de um jipe duas semanas depois da invasão do Iraque pelos Estados Unidos. Disse que a ocasião em que mais correu risco de vida foi ao ser capturado por integrantes da Jihad Islâmica na Faixa de Gaza. Seus captores ignoraram seus protestos de que era jornalista. Acreditavam que era israelense e estavam prestes a apedrejá-lo quando um deles lembrou-se de tê-lo visto antes. A execução foi adiada e Jon Lee pôde fugir, em meio a uma batalha entre os militantes e soldados de Israel.

    O repórter americano também opinou sobre o caso do ex-espião Edward Snowden, que repassou documentos da NSA, a Agência de Segurança Nacional dos Estados Unidos, ao jornalista Glenn Greenwald (que, por acaso, vive no Brasil). Jon Lee disse que, independentemente do debate sobre a extensão da rede de espionagem americana, ele não convive bem com o fato de Snowden ter se asilado na Rússia, onde jornalistas foram mortos e ameaçados nos últimos anos. Afirmou também que não considera que Julian Assange, fundador da organização Wikileaks, seja um jornalista. “Ele é um anarquista utópico.”

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    “No se trata de poner al lector a trabajar”: Jon Lee Anderson http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/no-se-trata-de-poner-al-lector-a-trabajar-jon-lee-anderson/ http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/no-se-trata-de-poner-al-lector-a-trabajar-jon-lee-anderson/#comments Fri, 08 Nov 2013 20:15:03 +0000 http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/?p=2862 Una dosis de suspense sobre el destino de los personajes y el desenlace del relato capta la atención de las personas que lo lean, pero si no se explica claramente el asunto central del artículo, es posible que desistan de terminarlo.

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  • Una dosis de suspense sobre el destino de los personajes y el desenlace del relato capta la atención de las personas que lo lean, pero si no se explica claramente el asunto central del artículo, es posible que desistan de terminarlo.
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  • Taller de Reportaje con Jon Lee Anderson (Río de Janeiro, 2013) - Foto: Ailton Silva

    Taller de Reportaje con Jon Lee Anderson (Río de Janeiro, 2013) – Foto: Ailton Silva

    Por Claudia Antunes

    LER A VERSÃO EM PORTUGUÊS: “Não devemos obrigar o leitor a ter trabalho”

    Cuando se escribe un reportaje hay que procurar no dar trabajo al lector, declaró el periodista estadounidense Jon Lee Anderson. Una dosis de suspense sobre el destino de los personajes y el desenlace del relato capta la atención de las personas que lo lean, pero si no se explica claramente el asunto central del artículo, es posible que desistan de terminarlo.

    Este miércoles 6 de noviembre el reportero de New Yorker dio inicio a una nueva etapa en los trabajos del taller de reportaje que han organizado en Rio de Janeiro la FNPI (Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano), las revistas piauí y serrato y el Instituto Moreira Salles. Tras conversaciones individuales con los 16 participantes de la clínica de periodismo –que están elaborando cada uno un reportaje sobre la ciudad—el profesor comenzó a repasar los primeros borradores.

    Le gustó el inicio de uno que trata sobre José Júnior, líder de la ONG AfroReggae. José Júnior se dedica a la educación de jóvenes en favelas de Rio y en ocasiones ha hecho de mediador entre traficantes de drogas y las autoridades. Es un personaje muy conocido entre los cariocas que hace poco recibió amenazas de muerte y ahora vive vigilado por policías de  élite.

    De una forma contrastante, el reportaje abría con una escena en que José Júnior intenta enseñarle al periodista a hacer meditación. «Es una escena inverosímil, y lo paradójico hace que un texto llame la atención», comentó el experimentado reportero norteamericano.

    Recordó a sus alumnos que el contar con muchas escenas interesantes, además de volver más agradable la lectura, permite ir intercalando en el artículo los datos fríos, explicativos; en este caso el hecho de que los policías que custodian a José Júnior proceden del Bope (Batallón de Operaciones Especiales de la Policía Militar de Rio) y de la Core (Coordinadora de Recursos Especiales de la Policía Civil).

    El segundo borrador que analizó trataba sobre el juego del bicho, un tipo de lotería que es ilegal pero tolerada por la policía de Rio (hay puestos de venta del bicho en las vías públicas de todos los barrios de la ciudad). El texto comenzaba haciendo que el lector acompañase al autor mientras trataba de entender cómo funciona ese juego clandestino. A Anderson le pareció que había quedado confuso. Su consejo fue cambiar el inicio y más bien presentar la descripción del contexto geográfico e histórico de la práctica del juego del bicho.

    Según el profesor, el recurso de utilizar el proceso de investigación como ingrediente en un reportaje debe usarse con parquedad. «No se trata de poner al lector a trabajar», afirmó. Asimismo, explicó que solo utiliza la primera persona en la redacción de un texto cuando le parece que es muy necesario para que el lector comprenda lo que cuenta.

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    “Não devemos obrigar o leitor a ter trabalho”: Jon Lee Anderson http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/nao-devemos-obrigar-o-leitor-a-ter-trabalho-jon-lee-anderson/ Fri, 08 Nov 2013 20:13:48 +0000 http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/?p=2860  Uma dose de suspense sobre o destino dos personagens e da história ajuda a manter a atenção da pessoa que está lendo, mas adiar uma explicação clara sobre o tema central do artigo pode levá-la a desistir da leitura. Leia também: ENTREVISTAS ENTRE O BATE-PAPO E A GUERRA “A REPORTAGEM É UMA CIDADE DESCONHECIDA” Por […]

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  •  Uma dose de suspense sobre o destino dos personagens e da história ajuda a manter a atenção da pessoa que está lendo, mas adiar uma explicação clara sobre o tema central do artigo pode levá-la a desistir da leitura.
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  • Taller de Reportaje con Jon Lee Anderson (Río de Janeiro, 2013) - Foto: Ailton Silva

    Taller de Reportaje con Jon Lee Anderson (Río de Janeiro, 2013) – Foto: Ailton Silva

    Por Claudia Antunes

    Lee la versión en español: “No se trata de poner al lector a trabajar”

    Quando se escreve uma reportagem é preciso evitar dar trabalho ao leitor, disse o jornalista americano Jon Lee Anderson. Uma dose de suspense sobre o destino dos personagens e da história ajuda a manter a atenção da pessoa que está lendo, mas adiar uma explicação clara sobre o tema central do artigo pode levá-la a desistir da leitura. O repórter da revista New Yorker começou nesta quarta-feira, dia 6 de novembro, uma nova etapa dos trabalhos da oficina de reportagens organizada no Rio de Janeiro pela FNPI (Fundação Gabriel García Márquez para o Novo Jornalismo Iberoamericano), as revistas brasileiras piauí e serrote e o Instituto Moreira Salles. Depois de conversas individuais (as chamadas “clínicas”) com os 16 participantes da oficina – cada um deles está produzindo uma reportagem na cidade –, o professor começou a analisar os primeiros rascunhos de textos. Ele gostou da abertura de uma reportagem sobre José Júnior, líder da ONG AfroReggae. José Júnior atua na educação de jovens em favelas do Rio e já mediou negociações entre traficantes de drogas e autoridades. Personagem conhecido dos cariocas, ele foi recentemente ameaçado de morte por criminosos e agora vive sob a guarda de policiais de elite. Em contraste com essa situação, a reportagem abria com uma cena em que José Júnior tentava ensinar a jornalista a fazer meditação. “É uma cena inverossímil, e o paradoxo é chamativo em um texto”, comentou Jon Lee. Ele lembrou que ter à mão muitas cenas interessantes, além de tornar a leitura mais aprazível, é um bom veículo para encaixar no texto dados “duros”, explicativos – no artigo em questão, esse era o caso da informação de que os policiais que fazem a guarda de José Júnior são do Bope, o Batalhão de Operação Especiais da Polícia Militar do Rio, e da Core, a Coordenadoria de Recursos Especiais da Polícia Civil. O segundo rascunho analisado era sobre o jogo do bicho, um tipo de loteria que é ilegal, mas tolerada pela polícia do Rio (existem bancas de apostas do jogo do bicho nas ruas de todos os bairros da cidade). No início do texto, o repórter tentou fazer com que o leitor acompanhasse sua própria tentativa de entender como o jogo do bicho funcionava. Jon Lee Anderson achou que o resultado ficou confuso. Ele aconselhou o autor a mudar a abertura, usando uma cena em que era descrito o contexto geográfico e histórico da prática do jogo do bicho. Segundo o professor, o recurso de utilizar o processo de apuração como ingrediente da reportagem deve ser adotado com parcimônia.  “Não devemos obrigar o leitor a ter trabalho”, afirmou. Jon Lee disse também que só costuma usar a primeira pessoa na redação do texto quando acha que isso é muito necessário para que o leitor entenda a história.

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    Entrevistas entre o bate-papo e a guerra – Oficina de reportagens com Jon Lee Anderson http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/entrevistas-entre-o-bate-papo-e-a-guerra-oficina-de-reportagens-com-jon-lee-anderson/ http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/entrevistas-entre-o-bate-papo-e-a-guerra-oficina-de-reportagens-com-jon-lee-anderson/#comments Wed, 06 Nov 2013 06:49:22 +0000 http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/?p=2841  “Numa entrevista, é preciso estar preparado para a guerra mesmo usando mecanismos de amizade”: Jon Lee Anderson. Leia também: “A REPORTAGEM É UMA CIDADE DESCONHECIDA” Por Claudia Antunes LEE LA VERSIÓN EN ESPAÑOL: Entrevistas: entre la charla y la guerra Entre junho e agosto de 2006, jatos israelenses bombardearam o Líbano durante 34 dias. Na ofensiva contra […]

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  •  “Numa entrevista, é preciso estar preparado para a guerra mesmo usando mecanismos de amizade”: Jon Lee Anderson.
  • Leia também: “A REPORTAGEM É UMA CIDADE DESCONHECIDA”
  • Taller de Reportajes con Jon Lee Anderson (Río de Janeiro, 2013) - Fotografías: Ailton Silva

    Taller de Reportajes con Jon Lee Anderson (Río de Janeiro, 2013) – Fotografías: Ailton Silva

    Por Claudia Antunes

    LEE LA VERSIÓN EN ESPAÑOL: Entrevistas: entre la charla y la guerra

    Entre junho e agosto de 2006, jatos israelenses bombardearam o Líbano durante 34 dias. Na ofensiva contra o grupo xiita Hezbollah, mais de 300 edifícios na região sul de Beirute foram derrubados e mais de 1.200 pessoas foram mortas, a maioria civis. No dia seguinte ao cessar-fogo, o repórter americano Jon Lee Anderson saiu para percorrer a cidade e constatou que ela estava tomada por cartazes e faixas que saudavam a “vitória divina” do Hezbollah. Nos bairros xiitas, militantes do grupo entregavam 15 mil dólares a cada família que tinha perdido sua casa, além de prometer um novo teto aos desabrigados. Calculou-se, disse Jon Lee, que o Irã, aliado do Hezbollah,  gastou de 4 a 5 bilhões de dólares nessa operação de conquista de corações e mentes.

    “E agora, o que vocês vão fazer?”, perguntou Jon Lee Anderson ao embaixador americano em Beirute na época, Jeffrey Feltman, depois de lhe contar o que vira nas ruas. O rosto de Feltman ficou vermelho e ele se levantou, agitado. Os Estados Unidos tinham fornecido a Israel as bombas usadas nos ataques. Agora, ofereciam ao Líbano 14 milhões de dólares para reconstituir a frota de carros da polícia. “Só isso?”, quis saber o repórter. O embaixador, constrangido, ligou para um senador em Washington, tentando arrancar mais dinheiro do Congresso. “Era como ver alguém nadar e se afogar ao mesmo tempo”, descreveu Jon Lee. O que funcionou na entrevista, concluiu o repórter da New Yorker, foi o fato de estar munido de informações capazes de obrigar seu interlocutor a abandonar o discurso diplomático convencional.

    “Numa entrevista, é preciso estar preparado para a guerra mesmo usando mecanismos de amizade”, disse Jon Lee Anderson nesta terça-feira, dia 5 de novembro, aos 16 jornalistas latino-americanos que participam no Rio de Janeiro da oficina de reportagens organizada pelo FNPI (Fundação Gabriel García Márquez para o Novo Jornalismo Iberoamericano), as revistas brasileiras piauí e serrote e o Instituto Moreira Salles. Preparar-se para a guerra não significa necessariamente ser agressivo; na maioria das vezes, quer dizer ter informações que possam levar o entrevistado a fazer revelações novas ou mostrar alguma faceta de sua personalidade até então desconhecida do público.

    Jon Lee deu o exemplo de quando entrevistou o ex-ditador chileno Augusto Pinochet para um perfil publicado na New Yorker, em 1998. Sua meta foi deixar Pinochet à vontade. Para isso, serviu-lhe muito ter descoberto que o general era alguém fascinado pelo poder, a ponto de batizar os filhos com nomes de imperadores romanos. Às vezes, disse o repórter, também funciona fazer perguntas inesperadas, tomando como álibi objetos do ambiente em que o entrevistado se encontra, como livros e porta-retratos. Jon Lee Anderson descobriu, por exemplo, que John Negroponte, embaixador americano em Honduras durante as “guerras sujas” dos anos 80 na América Central, tinha adotado várias crianças hondurenhas. Como era possível dizer que o país tinha sido violentado pelas políticas do governo Reagan, Jon Lee viu no gesto da adoção o possível sinal de uma tentativa freudiana de compensação.

    O repórter americano contou que, quando jovem, ficou impressionado com o livro Entrevistas com a História, de Oriana Fallaci. A jornalista italiana tinha um estilo muito agressivo e famosamente tirou o véu no meio do seu encontro com o aitolá Khomeini (a partir daí, brincou Jon Lee, o líder religioso iraniano nunca mais deu entrevistas). Na sua vida, profissional, entretanto, Jon Lee Anderson constatou que precisava ter um “estilo misto”. Sua preferência é manter uma conversa amistosa o suficiente para fazer o o entrevistado abrir a guarda. “Sou pouco agressivo, a não ser quando perco a paciência.” Isso aconteceu, por exemplo, numa entrevista coletiva de Roberto D’Aubuisson, o notório chefe dos esquadrões da morte de El Salvador nos anos 70 e 80. Jon Lee ficou irritado quando percebeu que os jornalistas o tratavam como um político comum. Então perguntou-lhe quantos comunistas ele achava que era necessário matar para levar a paz a El Salvador. D’Aubuisson o olhou fixamente e disse: “Essa é uma pergunta muito inconveniente.” Os guarda-costas dele miraram o repórter como quem pergunta: “O matamos agora ou depois, chefe?”.

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    Entrevistas: entre la charla y la guerra – Taller de reportajes con Jon Lee Anderson http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/entrevistas-entre-la-charla-y-la-guerra-taller-de-reportajes-con-jon-lee-anderson/ Wed, 06 Nov 2013 06:37:38 +0000 http://nuevoscronistasdeindias.fnpi.org/?p=2839  «Cuando se hace una entrevista hay que estar preparado para la guerra, aunque se utilicen mecanismos amistosos»: Jon Lee Anderson. Lea también: “Escribir un reportaje es como visitar una ciudad desconocida”. Por Claudia Antunes LER A VERSÃO EM PORTUGUÊS: Entrevistas entre o bate-papo e a guerra En julio y agosto de 2006 el Líbano sufrió un […]

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  •  «Cuando se hace una entrevista hay que estar preparado para la guerra, aunque se utilicen mecanismos amistosos»: Jon Lee Anderson.
  • Lea también: “Escribir un reportaje es como visitar una ciudad desconocida”.
  • Taller de Reportajes con Jon Lee Anderson (Río de Janeiro, 2013) - Fotografías: Ailton Silva

    Taller de Reportajes con Jon Lee Anderson (Río de Janeiro, 2013) – Fotografías: Ailton Silva

    Por Claudia Antunes

    LER A VERSÃO EM PORTUGUÊS: Entrevistas entre o bate-papo e a guerra

    En julio y agosto de 2006 el Líbano sufrió un bombardeo aéreo israelí que duró 34 días. En la ofensiva contra el grupo chiita Hezbolá quedaron destruidos más de 300 edificios de la zona sur de Beirut, y murieron más de 1200 personas, en su mayoría civiles. Al día siguiente de declarado el alto el fuego el periodista estadounidense Jon Lee Anderson recorrió la ciudad y observó que estaba plagada de carteles que celebraban la «victoria divina» de Hezbolá. En los barrios chiitas militantes del grupo entregaban 15.000 dólares a cada una de las familias que hubiera perdido su casa, además de prometerles una nueva vivienda. Se calculó que Irán, aliado de Hezbolá, se gastó entre 4 y 5 mil millones de dólares en esa operación de conquista de mentes y corazones.

    «Y ¿qué van a hacer los Estados Unidos ahora?» preguntó el reportero al embajador en Beirut en esa época, Jeffrey Feltman, tras contarle lo que había visto en las calles de la ciudad. Cuenta que éste se puso en pie para responder, azorado y visiblemente incómodo. Los norteamericanos le habían suministrado a Israel las bombas utilizadas en los ataques, y ahora le ofrecían al Líbano 14 millones de dólares para reconstituir la flota automovilística de la policía. «¿Eso es todo?» replicó Jon Anderson. El embajador, sin poder ocultar su vergüenza, llamó a Washington, a un senador, para pedirle que consiguiera que el Congreso aprobara más fondos. «Era como contemplar a alguien que se está ahogando por mucho que se esfuerza por nadar» cuenta el periodista de New Yorker recordando el momento. Lo que le dio resultado en aquella entrevista fue llegar premunido de información con la que pudo obligar a su interlocutor a abandonar el discurso diplomático convencional, concluyó.

    «Cuando se hace una entrevista hay que estar preparado para la guerra, aunque se utilicen mecanismos amistosos» declaró Jon Lee Anderson este martes 5 de noviembre a los 16 periodistas latinoamericanos que participan, en Rio de Janeiro, del taller de reportaje organizado por la FNPI (Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano), las revistas brasileñas piauí y serrote y el Instituto Moreira Salles. Con prepararse para la guerra no se refería a ser agresivo. La mayor parte de las veces consiste en contar con datos e información que puedan llevar al entrevistado a hacer una nueva revelación o a mostrar una faceta de su personalidad desconocida para el público hasta ese momento.

    El conferencista puso como ejemplo la vez que entrevistó al exdictador Augusto Pinochet para un perfil que publicó en New Yorker en 1998. Se propuso conseguir que Pinochet se sintiera cómodo, para lo cual le ayudó mucho enterarse de que le fascinaba el poder, hasta tal punto que bautizó a sus hijos con nombres de emperadores romanos. A veces también da buen resultado hacer preguntas inesperadas, apoyándose en algún objeto de los que rodeen al entrevistado, como pueden ser libros o retratos. En una ocasión, por ejemplo, Jon Anderson descubrió que John Negroponte, embajador estadounidense en Honduras en la época de las guerras sucias de Centroamérica, allá por los años ochenta, había adoptado a varios niños hondureños. Como se podía decir que el país había sufrido violencia por culpa de las políticas del gobierno de Reagan, John se planteó si el gesto de la adopción podía indicar un mecanismo de compensación en términos freudianos.

    Otro detalle que contó fue que, de joven, le impresionó el libro Entrevistas con la historia de Oriana Fallaci. La periodista italiana solía desplegar un estilo muy agresivo. Es famosamente conocida por sacarse el velo en medio de su encuentro con el ayatolá Jomeini (desde entonces, bromeó John Lee, el dirigente iraní no volvió a dar entrevistas).

    Sin embargo, Anderson ha comprobado que en su vida profesional debe adoptar un estilo «mixto». Prefiere mantener la conversación lo suficientemente amistosa para que el entrevistado baje la guardia. «Yo soy poco agresivo, a no ser que pierda la paciencia». Eso fue lo que le sucedió en una entrevista colectiva que concedió Roberto D’Aubuisson, el tristemente célebre jefe de los escuadrones de la muerte de El Salvador en los años 70 y 80. Jon se irritó cuando se dio cuenta de que los periodistas lo trataban como si se tratara de un político más. Entonces le preguntó que a cuántos comunistas consideraba que había que matar para llevar la paz a El Salvador. D’Aubuisson lo miró fijamente mientras respondió: «Esa es una pregunta muy incómoda», y sus guardaespaldas hicieron un gesto como preguntándole: «¿Lo matamos enseguida o más tarde, jefe?»

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