‘Los mercaderes del Che: grandes hazañas de personajes minúsculos’. Entrevista con Álex Ayala

El cronista Álex Ayala se define como “español de nacimiento, boliviano de corazón y tartamudo de vocación”.

Jon Lee Anderson lo ha calificado como “uno de los cronistas más originales y agudos que hay hoy en América Latina”, y Alberto Salcedo Ramos como “uno de los talentos más notables de la nueva crónica latinoamericana”.

Álex Ayala Ugarte nació en España en 1979. En 2001 viajó a Bolivia para hacer una pasantía de periodismo y allá sigue hasta hoy. En 2008 su nueva patria le otorgó el Premio Nacional de Periodismo. En 2010 -después de mucho oficio y varios talleres de periodismo con la FNPI- fundó la primera revista dedicada al periodismo narrativo en el país, Pie Izquierdo. La publicación logró alternar firmas de primera línea con periodistas emergentes, y por su calidad editorial y gráfica se ganó el respeto de colegas en todo el continente.  Sin embargo eso no fue suficiente y hoy la revista no está más.

A pesar de eso el nombre de Álex Ayala ha tenido vida propia, y acompaña un buen número de crónicas memorables en revistas de América Latina, Estados Unidos y Europa. Un trabajo constante que el año pasado le rindió uno de sus frutos más gratificantes, pues lo mejor de su producción apareció reunido bajo el título de Los mercaderes del Che: grandes hazañas de personajes minúsculos. La edición española se publica bajo el sello de Libros del K.O (Libros del Knock Out), un proyecto editorial que cada vez cobra más fuerza, y que con originalidad y mucho ojo le está imprimiendo vitalidad al periodismo de largo aliento en la madre patria.

En esta entrevista, Ayala habla del proceso de llevar sus crónicas a un libro, de los aprendizajes que le dejó Pie Izquierdo, y entre otras cosas afirma, con la propiedad de un nacionalizado, que “la crónica en Bolivia no ha alcanzado ni siquiera la categoría de género minoritario”.

VA TAMBIÉN UN ADELANTO DEL LIBRO, y una pequeña entrevista extra sobre crónica.

Álex Ayala ByNNuevos Cronistas: ¿QUÉ ENCONTRARÁ EL LECTOR EN ‘LOS MERCADERES DEL CHE’?

Álex Ayala: Como subraya la portada del libro, el lector encontrará “grandes hazañas de personajes minúsculos”. Me parece que los verdaderos protagonistas y héroes de nuestros países no son ni los políticos, ni los deportistas ni los famosetes de turno, sino la gran cantidad de seres anónimos que nos rodean. Sin embargo, cuando uno abre los periódicos o da un vistazo a los principales portales de noticias de Internet, acaba a menudo con la sensación de que no existe “mundo” si no eres un rostro conocido. El reto para mí está en conseguir que esas personas y esos territorios que generalmente no aparecen en los medios nos cautiven. O, como diría el argentino Martín Caparrós, en lograr que un lector se interese por una cuestión por la que, en principio, no tenía el mínimo interés.

-Cómo describirías tu trabajo de reportería para hacer crónicas, o qué hay de común en el trabajo de campo para las que componen el libro?

La mayoría de las veces busco historias que tengan ingredientes que acaben convirtiendo los textos que escribo en universales. Por ejemplo, la crónica sobre el sastre de Evo Morales (‘Sillerico, el hombre que viste a Evo Morales’) es una excusa para hablar del poder. La crónica de ‘El contador de relámpagos’ es un relato sobre la dignidad humana. Y así sucesivamente. Cuando uno sale a la calle a investigar con su bolígrafo y con su libreta tiene que trabajar duro hasta que la historia haga clic en la cabeza. No creo demasiado en las recetas. Confío más en la intuición, el azar y la paciencia.

-¿Qué tanta edición extra requirió llevar esta selección de crónicas al formato de libro?

Trabajé bastante en el libro. Muchas de las historias las reescribí. Volví a investigar algunas cosas. Corroboré muchos datos de nuevo. Y revisé una y otra vez viejas libretas de apuntes que siempre guardo. Fue un proceso largo, pero lo bueno es que los textos tuvieron muchos ojos encima, ya que conté con la ayuda valiosísima de los editores de Libros del K.O., unos tipazos que exigieron en todo momento el mayor de mis esfuerzos, que me dieron muy buenos consejos y que han hecho lo posible para que las crónicas no acaben envolviendo pescado.

-La preselección fue de veinte textos, según leímos, y finalmente se publicaron trece. ¿Las siete descartadas las podemos encontrar en algún lado, están disponibles en internet?

Las descartadas eran crónicas a las que les faltaba picante, notas que en su momento se quedaron en la anécdota, con falencias, escritos que necesitaban más investigación y más carpintería. Algunas seguramente pueden encontrarse en Internet, pero preferiría no hacerme eco de ellas. Me falta todavía muchísimo por aprender y siempre he pensado que los desperdicios —también los que salen de las manos de uno— molestan menos cuando uno los oculta bajo la alfombra.

-El libro tuvo antes una edición boliviana. ¿Qué tanto cambió al cruzar el Atlántico?

Algunos de los textos son casi una calca de los publicados en Bolivia, como el perfil de Víctor Hugo Viscarra, un escritor que malvivía en las mismas calles difíciles de La Paz que retrataba en sus libros  (ver crónica en El Puercoespín). Y otras historias, como la relacionada con Pablo Escobar, cambiaron bastante. Es decir, hubo de todo en el proceso: algunas veces maquillajes ligeros, y otras, intervenciones profundas.

Portada Los mercaderes del Che-La portada (diseñada por Estrés) es sorprendente, ¿fue una sorpresa para tí también, o estuviste cerca del proceso de creación?

También fue una grata sorpresa para mí. Las portadas, santo y seña de la editorial, son para Libros del K.O. como los secretos de Estado. Yo la vi cuando el libro ya estaba casi en imprenta y no tuve objeciones. Me parece que resume perfectamente lo que es esta recopilación de crónicas. Me encanta que cada elemento sugiera algo y que cada trazo invite a bucear por territorios disímiles.

-¿Cómo resumirías la historia de tu revista, Pie Izquierdo?

Pie Izquierdo es ahora para mí un entrañable recuerdo. Fue la primera revista boliviana de periodismo narrativo. Cosechó muy buenas críticas. Y en sus páginas hubo de todo: periodistas consagrados, como Alberto Salcedo Ramos, Leila Guerriero, Juan Pablo Meneses, Jon Lee Anderson y Alma Guillermoprieto, y cronistas que quizás no son tan conocidos pero que también son dueños de una excelente pluma, como Roberto Valencia, Federico Bianchini o Renée Kantor.

Pie Izquierdo fracasó y no quiero echar la culpa ni al mercado, ni a los lectores, ni a las circunstancias ni a nada ajeno a nosotros mismos, a los que hacíamos la revista. Fracasó porque algo hicimos mal. Quizá no supimos llegar a los lectores potenciales. Quizá debimos haber nacido como medio digital. Quizá fuimos demasiado ambiciosos. Quizá, quizá, quizá. Ya no sirve de mucho mirar atrás.

De aquel fracaso aprendimos bastante. Primero: a hacer una revista, que no es poca cosa. Segundo: a quitarnos vendas para mirar el mundo con otros ojos. Y tercero: a trabajar mano a mano con los autores y a escuchar con atención a los lectores. Pie Izquierdo, además, adelantó camino para que otras revistas del mismo estilo —si es que aparecen— lo tengan un poquito más fácil en el futuro.

-¿Dónde escribes ahora, o en qué proyectos andas?

Escribo sobre todo para revistas de Europa y América Latina, en ediciones en papel y digitales. He publicado, por mencionarte algunos lugares, en Anfibia, Viriginia Quarterly Review, Etiqueta Negra, Frontera D e Internazionale.

No podría ser periodista de planta. Trabajo cada vez más despacio y me cuesta mucho ponerme a escribir sin estar seguro de haber tocado las teclas precisas durante la reportería. No me gusta cuando, en mis investigaciones, el mundo cae sobre mí y se vuelve infinito. Eso me agobia. Prefiero entenderlo como algo finito y, por la tanto, sufro cuando no hallo una buena dirección para mi texto.

En estos momentos, preparo un viaje para cazar historias en las cinco fronteras de Bolivia. Partiré muy pronto con un amigo ilustrador llamado Martín Elfman.

-¿Dónde se publica hoy crónica en Bolivia?

En pocos lugares. Sobre todo en los periódicos, pero intermitentemente. Me parece que la crónica en Bolivia no ha alcanzado ni siquiera la categoría de género minoritario. Y eso es algo que, en parte, es culpa nuestra, de los periodistas. Debemos aprender a pelear por conseguir más y mejores espacios.

A día de hoy, son muy pocos en Bolivia los medios que apuestan regularmente por la crónica y son muchos los que consideran que la crónica consiste sólo en ser amenos y escribir bonito. Y la crónica va más allá de todo eso. La verdadera revolución del Nuevo Periodismo, más que con la forma de escribir, tuvo que ver con la manera de investigar las historias, con el modo en el que los periodistas comenzaron a relacionarse con los personajes de las mismas. Si uno quiere hacer una buena crónica, debe convertise en la sombra de las personas a las que va a retratar. Si uno quiere hacer una buena crónica, tiene que aprender a observar, a captar buenos detalles y a seleccionarlos. Porque a través de ellos es que damos una lógica, un sentido, a lo que estamos contando.

-¿Qué periodistas bolivianos recomiendas, o qué libros?

Suelo recomendar la lectura de Pablo Ortiz, Jorge Quispe, Mónica Oblitas, Erick Ortega, Rocío Lloret, Edson Hurtado, Rafael Sagárnaga, Roberto Navia, Darwin Pinto e Inga Llorenti. También, de las crónicas del escritor Edmundo Paz Soldán. La memoria es traicionera y seguramente estoy olvidando a un montón de colegas. Por eso nunca me ha gustado responder a este tipo de preguntas.

Libros te mencionaré únicamente uno: Bolivia a toda costa, una antología de crónicas editada por El Cuervo donde uno se topa con gran variedad de estilos.

-¿Y españoles?

Yo creo que Manu Leguineche es la gran referencia. Pero me gustan también mucho Ander Izagirre, Daniel Burgui, Roberto Valencia, Enric González, Ramón Lobo, Zigor Aldama, David Jiménez, Javier Reverte y Alfonso Armada.

-¿Qué estás leyendo por estos días?

Acabo de terminal Calor, de Bill Buford, una crónica magistral sobre el mundo de la cocina. Y dentro de poco le hincaré el diente a El paseante de cadáveres, de Liao Yiwu. Tengo mucho interés por sus retratos sobre la China profunda.

VIDEO-TRAILER DE ‘LOS MERCADERES DEL CHE’:

SIGUE LEYENDO: 

-‘SILLERICO, EL HOMBRE QUE VISTE A EVO MORALES’, crónica incluida en Los mercaderes del Che.

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-’Los mercaderes del Che’ en Amazon

Nota: En Colombia, el libro se distribuye en la librería ‘La Madriguera del Conejo’, Bogotá.

ÁLEX AYALA EN EL CUESTIONARIO DE NUEVOS CRONISTAS

¿Qué hace a un buen cronista?

La mirada. Es decir, la forma de ubicarse para ver y contar la realidad. Y también, la perseverancia.

¿Por qué decidió ser cronista?

Porque soy curioso, inconformista y obsesivo. Y porque me gusta relatar las grandes gestas y los grandes acontecimientos a partir de personajes minúsculos, de gente que suele estar siempre en un segundo plano. Para mí ellos son los verdaderos protagonistas de nuestro tiempo.

¿Cómo identificar una buena historia?

Casi siempre llego a las buenas historias a través de detalles que en apariencia resultan insignificantes. A veces lo hago  a través de un anuncio breve de un periódico o gracias a una larga conversación de bar.

¿Para qué sirve una crónica?

Para entretener, desengañar, buscar memoria.

¿Qué crónicas lee y qué busca en una buena crónica?

Leo todo tipo de crónicas. Pero me gustan sobre todo las que perfilan a un personaje. Busco sobre todo que me sorprendan, que me sacudan, que me introduzcan en territorios nuevos. También, que me seduzcan pero sutilmente, sin que me dé cuenta.

SIGUE LEYENDO:

‘SILLERICO, EL HOMBRE QUE VISTE A EVO MORALES’, crónica.

Desventuras de un Quijote en Bolivia, columna de Graciela Mochkofsky -cofundadora de El Puercoespín- en su blog del diario El País, sobre la aventura editorial de Álex Ayala con ‘Pie Izquierdo’.

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